Recorrido · 13 paradas
Cómo sobrevive la escritura: arcilla, piedra, imprenta y voz
Gran parte de lo que la gente ha escrito se ha perdido. Lo que sobrevive ha dependido del material, del azar y de quién siguió copiando —arcilla cocida por un palacio en llamas, una losa de piedra reutilizada en el muro de un fuerte, un evangeliario robado por su cubierta, hojas de palma copiadas una y otra vez en otra isla—, y las palabras también pueden sobrevivir sin ningún material, en la voz de intérpretes formados para ello. Este recorrido plantea tres preguntas en cada parada: ¿qué sobrevivió y cómo? ¿Qué se perdió y cómo lo sabemos? ¿Y en qué se diferencia una tradición guardada en la memoria y la interpretación de otra conservada en arcilla, piedra, piel, madera, hoja o papel?
Las trece paradas siguen un orden cronológico, desde las primeras tablillas de arcilla de Uruk hasta la quema de libros mayas en 1562. No son una escalera de soportes toscos a soportes mejores: las tablillas de arcilla duraron más que las tablillas de cera, la xilografía siguió usándose junto a los tipos metálicos, la copia a mano continuó después de la imprenta y la epopeya oral no necesitó nada de eso. Cuando dos paradas están unidas por un contacto real o por un texto compartido, las notas lo dicen; cuando solo se comparan, también lo dicen. Abre cualquier parada para leer el artículo completo o salta a ese año en el mapa.
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c. 3350–3200 a. C. · Uruk (Sumeria)
Escritura cuneiforme
Algunos de los escritos más antiguos que se conocen aparecieron en Uruk, en el sur de Mesopotamia, hacia 3350–3200 a. C., como cuentas dibujadas e impresas en arcilla. La mayoría de las tablillas solo se secaban al sol, y la arcilla sin cocer podía ablandarse y reutilizarse; muchas tablillas cotidianas se tiraban, y las tablillas recubiertas de cera casi nunca se han conservado. Paradójicamente, el desastre ayudó: cuando ardían palacios y bibliotecas, el fuego cocía sus tablillas hasta endurecerlas lo bastante para durar miles de años. Se calcula que se han excavado entre medio millón y dos millones de tablillas, pero solo una parte está publicada: sobrevivir no es lo mismo que ser leído.
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c. 1800–1700 a. C. · Babilonia
Epopeya de Gilgamesh
Hacia 1800–1700 a. C., un poeta acadio reunió antiguos poemas sumerios sobre Gilgamesh en una sola epopeya, y los escribas siguieron copiándola y revisándola en arcilla durante más de mil años. No existe ningún manuscrito completo: la versión más conocida se ha reconstruido a partir de decenas de fragmentos, muchos procedentes de las bibliotecas del rey asirio Asurbanipal, que quedaron enterradas en las ruinas de Nínive después de 612 a. C. Olvidado cuando la escritura cuneiforme dejó de usarse, el poema volvió a la luz cuando George Smith reconoció su relato del diluvio en 1872, y todavía se siguen identificando fragmentos nuevos.
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c. 1754 a. C. · Babilonia
Código de Hammurabi
Hammurabi hizo grabar sus leyes en estelas de basalto para que cualquier hombre agraviado pudiera hacérselas leer en voz alta, y el epílogo maldice a todo rey futuro que altere o borre sus palabras. La piedra no era garantía: en el siglo XII a. C. la estela que se conserva fue probablemente llevada a Susa como botín, y varias de sus columnas fueron pulidas hasta borrarse. Las leyes que faltan se conocen en parte por copias más humildes —más de 50 manuscritos en tablillas de arcilla y otros fragmentos de piedra, copiados por escribas durante más de mil años—, algunas guardadas en la biblioteca de Asurbanipal junto a Gilgamesh.
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c. 520 a. C. · Monte Bisotún, provincia de Kermanshah, oeste de Irán (Imperio persa aqueménida)
Inscripción de Behistún
Hacia 520 a. C., Darío I hizo grabar en lo alto de un acantilado del oeste de Irán su relato de cómo llegó al trono, en cuneiforme persa antiguo, elamita y babilonio. Su altura probablemente lo libró de gran parte de los daños intencionados, aunque el agua ha desgastado algunas partes, y Darío dice que el texto también se envió por todos sus territorios; una traducción aramea copiada en papiro alrededor de un siglo después se conserva en Elefantina, en Egipto. En el siglo XIX, las copias de Henry Rawlinson, junto con muchas otras inscripciones y el trabajo de estudiosos rivales como Edward Hincks, hicieron que el cuneiforme acadio volviera a ser legible para 1857, lo que permitió acceder a textos como las leyes de Hammurabi y la epopeya acadia de Gilgamesh.
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196 a. C. · Hallada en el fuerte Julien, cerca de Rosetta/Rashid (Egipto ptolemaico); actualmente en el Museo Británico, Londres
Piedra de Rosetta
En 196 a. C., un consejo de sacerdotes egipcios ordenó que su decreto en honor de Ptolomeo V se colocara en todos los templos en jeroglíficos, demótico y griego. Después de que los templos cerraran y los jeroglíficos cayeran en desuso, esta copia rota sobrevivió como material de construcción en los muros de un fuerte cerca de Rosetta, donde la encontraron soldados franceses en 1799. Su papel en el desciframiento moderno suele compararse con el de Behistún: ofreció a los estudiosos versiones paralelas de un mismo texto, pero el avance de Champollion en 1822 necesitó también el copto y muchas otras inscripciones.
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c. 750–850 d. C. · Biblioteca del Trinity College de Dublín (realizado por la comunidad columbana de Iona y Kells)
Libro de Kells
Hacia el año 800, monjes de la comunidad de san Columba —probablemente empezando en Iona y continuando en Kells tras los ataques vikingos— escribieron y pintaron los cuatro Evangelios en latín sobre vitela de piel de ternero. Venerado como objeto sagrado y probablemente usado en el altar más que para el estudio, fue robado en 1007, según la datación habitual, por su cubierta enjoyada y hallado meses después bajo un terrón, un robo que podría explicar las hojas que le faltan al principio y al final. En la década de 1650, con las tropas de Cromwell acuarteladas en Kells, fue enviado a Dublín para protegerlo; hoy se conservan 340 hojas.
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c. 1235 · Kangaba, corazón del Manding (alto Níger, suroeste de Malí)
Epopeya de Sundiata
A diferencia del Libro de Kells, la Epopeya de Sundiata no tiene un objeto único que pueda robarse o quemarse. Cuenta la historia del fundador del Imperio de Malí, cuya victoria en Kirina la tradición sitúa hacia 1235, y durante siglos la han transmitido bardos hereditarios, los jeliw, en interpretaciones que varían según la familia y la región, aunque conservan un núcleo notablemente estable. Los funcionarios coloniales franceses no empezaron a ponerla por escrito hasta 1889, e incluso el famoso libro de D. T. Niane de 1960 es una versión en prosa de la narración de un solo bardo, mientras que la recitación de la ceremonia del Kamablon en Kangaba nunca se ha grabado.
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1237–1248 · Haeinsa (lugar de conservación)
Tripitaka Coreana
En 1232, pocos años antes de la fecha tradicional de Kirina, los invasores mongoles quemaron la primera serie de planchas de impresión del canon budista de Goryeo; entre 1237 y 1248, la corte mandó tallar de nuevo todo el canon en más de 81 000 planchas de madera, cotejado cuidadosamente con tres ediciones anteriores. Las planchas permiten imprimir muchas copias, pero ellas mismas pueden perderse: la primera edición se conoce hoy por los ejemplares impresos que se conservan, muchos de ellos en Japón. La segunda serie ha sobrevivido casi ocho siglos, a invasiones, incendios en Haeinsa y la guerra de Corea, y las salas de almacenamiento de Haeinsa, con ventilación natural, han ayudado a que la madera no se pudra.
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1365 · Corte de Majapahit, Java Oriental (Majapahit)
Nagarakretagama (Desawarnana)
Mientras Goryeo conservó un único juego de planchas maestras, este poema sobrevivió porque se copió una y otra vez. El poeta budista Prapañca terminó en 1365 su elogio en javanés antiguo del rey Hayam Wuruk de Majapahit, pero no se conserva ninguna copia de su época; en Bali y Lombok, donde la literatura cortesana javanesa siguió viva tras la caída de Majapahit, los escribas lo copiaron una y otra vez en hojas de palma, e incluso su título más conocido procede de una nota de un copista balinés de 1740. En 1894, un estudioso neerlandés se llevó una copia de Lombok antes de que el palacio fuera incendiado en un ataque colonial y creyó que era la única, hasta que a partir de 1978 aparecieron más copias en Bali.
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1377 · Templo Heungdeoksa, Cheongju (Goryeo)
Jikji
De vuelta en Goryeo, cuyos templos tenían una larga experiencia en la impresión, unos monjes imprimieron esta antología budista seon en Heungdeoksa, cerca de Cheongju, en 1377 con tipos de metal fundido, lo que la convierte en el libro más antiguo que se conserva impreso de ese modo. «Que se conserva» es la clave: los registros muestran que en Corea se usaban tipos metálicos más de un siglo antes, pero no se conoce ningún ejemplar impreso con metal de aquellos libros, e incluso del Jikji solo queda el segundo volumen, sin su primera hoja, en la Biblioteca Nacional de Francia, en París. Su texto completo sobrevive gracias a una técnica más antigua: una edición xilográfica tallada e impresa al año siguiente.
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1443–1446 · Hanseong (Joseon)
Hunminjeongeum
En 1443 el rey Sejong anunció 28 letras que él mismo había creado para escribir el coreano, y el libro Hunminjeongeum de 1446, impreso con planchas de madera, explicó cómo se habían diseñado. La escritura encontró oposición en la corte y una prohibición del rey Yeonsangun en 1504, pero perduró porque era útil: en cartas, poesía y novelas de mujeres, monjes y gente común, y en proclamas reales dirigidas al pueblo. El libro mismo estuvo a punto de desaparecer: la edición explicativa Haerye se creyó perdida durante siglos, hasta que en 1940 apareció en Andong un ejemplar al que le faltaban las dos primeras hojas.
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1452–1455 · Maguncia (Sacro Imperio Romano Germánico)
Biblia de Gutenberg
En Maguncia, el taller de Gutenberg terminó de imprimir unos 180 ejemplares de la Biblia latina completa para 1455, en la traducción de la Vulgata que, mezclada con lecturas latinas más antiguas, también está en la base de los Evangelios del Libro de Kells. No hay pruebas de que Gutenberg conociera los tipos metálicos coreanos, y sus métodos son distintos, así que la mayoría de los historiadores ve la imprenta europea como un desarrollo independiente; que el hangul se creara en los mismos años es una coincidencia de fechas. La imprenta multiplicó los ejemplares, pero solo sobreviven unos 49, alrededor de 21 completos, y como cada comprador encargó a artesanos la decoración y la encuadernación a mano, no hay dos iguales.
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c. 300 a. C. – 1697 · Palenque y las tierras bajas mayas (reinos mayas)
Escritura maya
Los escribas mayas escribieron durante unos dos mil años en monumentos de piedra, cerámica pintada y libros plegados de papel de corteza. El 12 de julio de 1562, el fraile Diego de Landa hizo quemar decenas de libros en Maní, Yucatán; hoy solo se conocen cuatro libros jeroglíficos mayas (códices), y tras la caída del último reino maya independiente en 1697 la capacidad de leer los glifos parece haberse extinguido. Sin un verdadero texto bilingüe como la Piedra de Rosetta, el desciframiento a partir de la década de 1950 se apoyó en el «alfabeto» que el propio Landa registró y malinterpretó, en diccionarios coloniales, en las lenguas mayas vivas y en las inscripciones que la piedra había conservado, y hoy las comunidades mayas están aprendiendo de nuevo a leer y escribir los glifos.
Este recorrido se escribió con ayuda de IA a partir de las fuentes citadas en cada artículo.