Filosofía

Al-Farabi

أبو نصر الفارابي (Abū Naṣr al-Fārābī)

c. 900–950 d. C. · Bagdad

En una frase

Al-Farabi fue un filósofo que vivió hace unos 1.100 años, principalmente en Bagdad, y explicó tan bien a Aristóteles que lo llamaron «el Segundo Maestro»; también escribió sobre cómo construir una ciudad buena y feliz y sobre la ciencia de la música.

Al-Farabi
Imagen: Iraninhk · CC BY-SA 4.0 · Wikimedia Commons

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Para jóvenes lectores

Hace mucho tiempo, el filósofo griego Aristóteles era tan respetado que en el mundo islámico lo llamaban «el Primer Maestro». Hace unos 1.100 años, un estudioso tranquilo llamado Abu Nasr al-Farabi leyó sus libros con tanta atención que empezaron a llamarlo «el Segundo Maestro».

Al-Farabi probablemente nació lejos, en Asia Central, hacia el año 870. De joven viajó a Bagdad, una gran ciudad llena de bibliotecas. Allí, estudiosos cristianos y musulmanes leían libros griegos traducidos al árabe. Pasó allí casi toda su vida, aprendiendo y enseñando, y al final se trasladó a Siria.

Una de sus grandes preguntas era: ¿cómo sería una ciudad realmente buena? Comparó la ciudad con un cuerpo sano. En el cuerpo, el corazón dirige y cada parte cumple su función. En una buena ciudad, decía, gobierna una persona sabia y todos colaboran para que la gente pueda vivir bien y ser verdaderamente feliz.

A Al-Farabi también le encantaba la música. Escribió un libro muy grande sobre las notas y los ritmos. Decía que había que escuchar los sonidos, y no confiar solo en los cálculos, para saber si sonaban bien. Un famoso relato cuenta que una vez tocó un instrumento ante un príncipe e hizo que todos rieran, luego lloraran y, por último, se durmieran.

Durante siglos, otros pensadores leyeron sus libros. Entre ellos estuvieron el gran médico y filósofo Ibn Sina (Avicena), el filósofo judío Maimónides y estudiosos europeos que tradujeron algunas de sus obras al latín.

De un vistazo

Nombre completo
Abū Naṣr Muḥammad ibn Muḥammad al-Fārābī
Vivió
c. 870 – diciembre de 950 o enero de 951 d. C.
Lugar de nacimiento
Incierto: Farab (Otrar), junto al río Sir Daria, en el actual Kazajistán, o Faryab, en el actual Afganistán
Lugares donde trabajó
Bagdad durante la mayor parte de su carrera; Siria (Alepo y Damasco) desde aproximadamente 943; posiblemente Egipto; murió en Damasco
Lengua
Árabe
Título honorífico
«El Segundo Maestro» (al-muʿallim al-thānī), después de Aristóteles, «el Primer Maestro»
Campos principales
Lógica, filosofía del lenguaje, metafísica y cosmología, psicología del intelecto, filosofía política y teoría de la música
Obras principales
Las opiniones de los habitantes de la ciudad virtuosa; El régimen político; La consecución de la felicidad; Enumeración de las ciencias; Libro de las letras; Gran libro de la música; comentarios sobre la lógica de Aristóteles

Fácil

¿Quién fue Al-Farabi?

Abu Nasr al-Farabi (c. 870–950/951) fue uno de los fundadores de la tradición filosófica del mundo islámico, conocida en árabe como falsafa. Escribió en árabe y trabajó principalmente en Bagdad, capital del califato abasí. Las generaciones posteriores le dieron el título honorífico de «Segundo Maestro», situándolo justo después de Aristóteles, «el Primer Maestro».

Al-Farabi construyó grandes sistemas de pensamiento. Quería mostrar cómo se relacionan todos los conocimientos: desde la gramática y la lógica hasta las matemáticas, las ciencias naturales, el estudio de Dios y los cielos y, por último, la ética y la política. Para él, todas estas ciencias conducían a un mismo fin: la verdadera felicidad humana, que solo podía alcanzarse en una comunidad bien organizada y guiada por la sabiduría.

Se le recuerda especialmente por tres aportaciones. La primera son sus comentarios y manuales sobre la lógica de Aristóteles, que sirvieron de modelo a filósofos árabes posteriores. La segunda es su filosofía política, sobre todo su descripción de la «ciudad virtuosa». La tercera es su Gran libro de la música, el tratado medieval sobre música más importante escrito en el mundo islámico.

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Fácil

Una vida entre Asia Central, Bagdad y Damasco

Se sabe muy poco con certeza sobre la vida de Al-Farabi. Su nombre significa «de Farab». Muchas fuentes identifican ese lugar con Farab, también llamado Otrar, una ciudad junto al río Sir Daria, en el actual sur de Kazajistán; otras señalan Faryab, en el actual norte de Afganistán. Probablemente nació hacia el año 870.

De joven se trasladó a Irak y se estableció en Bagdad, donde pasó la mayor parte de su vida. Allí estudió lógica con un erudito cristiano, Yuhanna ibn Haylan, y formó parte de un círculo de filósofos aristotélicos, muchos de ellos cristianos de lengua siríaca, como Abu Bishr Matta ibn Yunus. Se dice que el filósofo cristiano Yahya ibn ‘Adi, que más tarde dirigió la escuela de Bagdad, estudió con él.

Hacia 943, cuando Bagdad atravesaba una etapa de caos político, Al-Farabi partió hacia Siria. Pasó temporadas en Alepo y Damasco y contó con el mecenazgo del príncipe hamdánida Sayf al-Dawla, gobernante de Alepo. Es posible que también visitara Egipto. Murió en Damasco en diciembre de 950 o enero de 951, a los ochenta años aproximadamente.

Los biógrafos posteriores lo describen como un hombre modesto y poco interesado en los bienes materiales, al que no le importaban mucho el dinero ni la ropa elegante. Según un relato, trabajó en Damasco como vigilante de un jardín y leía filosofía de noche a la luz de su lámpara. Estas historias encajan con el ideal del filósofo y no pueden verificarse, pero muestran cómo fue recordado.

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Fácil

La gran idea: una ciudad que hace feliz a la gente

El libro más famoso de Al-Farabi suele llamarse Las opiniones de los habitantes de la ciudad virtuosa (Mabādiʾ ārāʾ ahl al-madīna al-fāḍila). Comienza con Dios y el orden del universo y termina con la mejor manera de organizar una comunidad humana. Su idea es que las personas solo pueden llegar a ser plenamente buenas y felices si viven juntas de la manera adecuada.

Comparó la ciudad virtuosa con un cuerpo sano. Así como el corazón dirige el cuerpo y cada órgano contribuye al conjunto, en la mejor ciudad un gobernante sabio guía a la comunidad y cada persona, según sus capacidades, ayuda a que todos alcancen la felicidad. El gobernante debe comprender de verdad qué es el bien, como el filósofo rey de La República de Platón.

Al-Farabi también describió otros tipos de ciudades. Algunas son «ignorantes»: sus habitantes no saben qué es la verdadera felicidad y solo buscan riqueza, placer, honores o poder. Otras son «inmorales»: sus habitantes saben qué es el bien, pero no actúan conforme a él. En otras, sus habitantes «están en el error»: han recibido ideas falsas sobre la felicidad. Estas comparaciones eran una forma de preguntar para qué existe realmente una sociedad.

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Intermedio

Contexto: la filosofía griega en el Bagdad de lengua árabe

Al-Farabi nació en un mundo que ya había sido transformado por el movimiento de traducción del griego al árabe. A finales del siglo IX, la mayoría de las obras de Aristóteles, gran parte de las de Galeno y muchos otros textos griegos estaban disponibles en árabe, a menudo traducidos a través del siríaco por estudiosos cristianos. El filósofo Al-Kindi (fallecido c. 873) había comenzado a escribir obras filosóficas originales en árabe.

En Bagdad, una escuela de aristotélicos cristianos continuaba los métodos de enseñanza de la Alejandría de la Antigüedad tardía: leían las obras de lógica de Aristóteles (el Órganon) en un orden establecido y acompañadas de comentarios. El propio Al-Farabi contó una historia, conservada por el biógrafo Ibn Abi Usaybi‘a, según la cual la enseñanza filosófica había pasado de Alejandría a Antioquía, luego a Harrán y finalmente a Bagdad. Al situarse al final de esa cadena, mostraba cómo entendía su función: se veía como heredero de una tradición griega ininterrumpida. Los investigadores tratan el relato con cautela.

La lógica griega era motivo de controversia. En 932 tuvo lugar en Bagdad un famoso debate público ante el visir Ibn al-Furat entre Abu Bishr Matta, colega de Al-Farabi, y el gramático Abu Sa‘id al-Sirafi. Sirafi sostuvo que la lógica era simplemente gramática griega disfrazada y que los hablantes de árabe necesitaban la gramática árabe, no una herramienta extranjera. El debate, registrado más tarde por Abu Hayyan al-Tawhidi, ayuda a entender por qué Al-Farabi examinó con tanto cuidado las diferencias entre lógica y gramática.

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Intermedio

Lógica y lenguaje

Al-Farabi escribió comentarios sobre casi todas las partes del Órganon de Aristóteles. Se conserva su extenso comentario sobre Sobre la interpretación, mientras que muchos otros se han perdido o solo quedan en fragmentos. También escribió introducciones y paráfrasis más breves que facilitaron el estudio de la lógica. Para él, la lógica era el «instrumento» (ālā) de la filosofía y el camino hacia la certeza.

Su respuesta a críticos como Sirafi era matizada. Según Al-Farabi, la gramática establece las reglas para usar correctamente una lengua concreta, como el árabe o el griego; la lógica establece las reglas del pensamiento correcto, aplicables a los significados expresados en todas las lenguas. Por eso, la lógica tiene algo en común con la gramática, pues estudia las expresiones, pero su ámbito es universal. Así, la lógica era una ciencia para todos y no una importación griega.

En el Libro de las letras (Kitāb al-ḥurūf), Al-Farabi examinó el significado de términos filosóficos básicos, como «ser» y «sustancia», y cómo se expresan en árabe cuando ciertas estructuras gramaticales griegas no tienen un equivalente directo. También propuso una notable explicación del origen del lenguaje: primero, las personas crean palabras para las cosas que perciben; después desarrollan la retórica y la poesía; más tarde, la dialéctica; y, por último, la ciencia demostrativa. En la misma obra sostuvo que, en el orden natural, la filosofía precede a la religión, que expresa las verdades filosóficas mediante imágenes para toda la comunidad.

Su Enumeración de las ciencias (Iḥṣāʾ al-ʿulūm) clasificaba todas las ramas del saber: la ciencia del lenguaje, la lógica, las ciencias matemáticas (incluidas la óptica, la astronomía, la música, la ciencia de los pesos y la mecánica), las ciencias naturales y la metafísica, y, por último, la ciencia política junto con la jurisprudencia y la teología (kalām). Se tradujo al latín en el siglo XII y contribuyó a definir cómo se organizaba el saber en la Europa medieval.

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Intermedio

El cosmos, el intelecto y la felicidad

Al-Farabi combinó la física y la astronomía de Aristóteles con ideas neoplatónicas que habían llegado al árabe, en parte, a través de textos atribuidos erróneamente a Aristóteles. En la cima de la realidad está la Causa Primera, Dios, perfectamente uno y perfectamente intelectual. De la Causa Primera procede, o «emana», la realidad, no por elección ni esfuerzo, sino necesariamente, como la luz del Sol.

De la Causa Primera surge un Segundo Intelecto y, de este, una serie de intelectos posteriores, cada uno asociado con una de las esferas celestes: la esfera más exterior, la de las estrellas fijas y las esferas de Saturno, Júpiter, Marte, el Sol, Venus, Mercurio y la Luna. El décimo y último es el Intelecto Agente, que rige el mundo sublunar, el mundo del cambio en el que vivimos los seres humanos.

En su Carta sobre el intelecto y otras obras, Al-Farabi explicó el conocimiento humano mediante esta estructura. La mente humana comienza como intelecto en potencia, capaz de recibir las formas de las cosas. Cuando las piensa, se convierte en intelecto en acto; cuando las ha hecho suyas, se convierte en «intelecto adquirido». El Intelecto Agente hace posible este proceso, como la luz permite ver los colores. La mayor felicidad humana consiste en una especie de cercanía o unión con el Intelecto Agente, cuando el alma llega a parecerse a los intelectos puros que están por encima de ella.

Era una amplia visión jerárquica que unía cosmología, psicología y ética. También tenía una dimensión política: así como la Causa Primera ordena los cielos, el gobernante de la ciudad virtuosa ordena la comunidad; y así como el universo forma una jerarquía, también la forma la ciudad ideal.

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Intermedio

Filosofía política: gobernante, profeta y legislador

Al-Farabi fue el primer gran filósofo del mundo islámico que otorgó un lugar central a la filosofía política. Conocía La República y Las leyes de Platón, al menos a través de resúmenes (escribió un Resumen de las leyes de Platón), así como la ética de Aristóteles. Sus principales obras políticas son La ciudad virtuosa, El régimen político (al-Siyāsa al-madaniyya), La consecución de la felicidad (Taḥṣīl al-saʿāda), El libro de la religión (Kitāb al-milla) y Aforismos escogidos (Fuṣūl muntazaʿa).

El primer gobernante de la ciudad virtuosa debe poseer capacidades excepcionales: ser un filósofo cuyo intelecto esté unido al Intelecto Agente y cuya imaginación sea tan poderosa que pueda expresar las verdades mediante imágenes, símbolos y discursos persuasivos. Esa persona es a la vez filósofo, profeta, legislador e imán. De este modo, Al-Farabi relacionó al filósofo rey de Platón con las ideas islámicas de profecía y liderazgo religioso, sin mencionar a ningún profeta en particular.

Según esta explicación, la religión presenta las mismas verdades que la filosofía conoce por demostración, pero de una forma que todos pueden comprender: mediante símbolos, relatos y leyes adecuados a un pueblo concreto. La filosofía emplea demostraciones; la teología, argumentos dialécticos; y las escrituras religiosas hablan a la gente común mediante la retórica y la poesía. Dado que las distintas naciones usan símbolos diferentes, puede haber varias religiones virtuosas que expresen la misma verdad de diversas maneras.

Al-Farabi no pensaba solo en pequeñas ciudades estado. Escribió sobre la nación virtuosa e incluso sobre una comunidad mundial virtuosa formada por muchas naciones. Algunos investigadores ven en ello un reflejo del extenso mundo abasí, multiétnico y multirreligioso, en el que vivió.

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Intermedio

Teoría de la música

El Gran libro de la música (Kitāb al-mūsīqā al-kabīr) es una de las aportaciones más originales de Al-Farabi y se considera el tratado medieval sobre música más importante de las tierras islámicas. Trata la naturaleza del sonido musical, los intervalos, las escalas, el ritmo, la composición y los instrumentos de su época, especialmente el ‘ūd (laúd), cuyos trastes y afinaciones describió con detalle.

Al-Farabi se basó en la teoría musical griega, pero no se limitó a repetirla. Insistió en que el oído, más que el razonamiento puramente teórico, es el juez final de los principios musicales. Sabía, por ejemplo, que un semitono no es exactamente la mitad de un tono. También relacionó la música con la poesía y el habla, y consideró que la melodía podía reforzar el efecto de las palabras en el alma.

La tradición posterior convirtió a Al-Farabi en un músico legendario. El biógrafo Ibn Khallikan cuenta que, en la corte de Sayf al-Dawla, sacó un instrumento y tocó de tal manera que todos rieron; volvió a tocar y todos lloraron; finalmente, tocó hasta que todos se durmieron y se marchó en silencio. Es casi seguro que el relato es una leyenda, pero muestra la profunda impresión que su fama musical causó en las generaciones posteriores.

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Intermedio

Influencia: de Avicena a Europa

El lector más famoso de Al-Farabi fue Ibn Sina (Avicena, 980–1037). En su autobiografía, Ibn Sina cuenta que leyó cuarenta veces la Metafísica de Aristóteles y se la sabía de memoria, pero no entendía su propósito. Entonces compró por tres dírhams a un librero un breve tratado de Al-Farabi sobre los objetivos de la Metafísica y, de repente, la comprendió. Gran parte de la metafísica y la psicología de Ibn Sina desarrolla ideas expuestas por Al-Farabi.

En Al-Ándalus, filósofos como Ibn Bayya (Avempace), Ibn Tufayl e Ibn Rushd (Averroes) leyeron atentamente a Al-Farabi, sobre todo sus obras de lógica y filosofía política. También afirmaron que, en su comentario perdido sobre la Ética a Nicómaco de Aristóteles, había expresado dudas sobre la supervivencia del alma después de la muerte y la posibilidad de unirse al Intelecto Agente, ideas que parecían entrar en conflicto con otras obras suyas.

El filósofo judío Maimónides (1138–1204) tenía a Al-Farabi en muy alta estima, especialmente por sus escritos de lógica, y recomendó sus obras a su traductor Samuel ibn Tibbon. A través de traducciones al hebreo, Al-Farabi pasó a formar parte de la filosofía judía medieval. En la Europa latina, donde se lo conocía como Alpharabius, se leyó principalmente mediante traducciones de la Enumeración de las ciencias (como De scientiis) y de algunas obras más breves, que influyeron en la clasificación de las ciencias en las escuelas medievales.

Hoy se honra a Al-Farabi en numerosos países. Kazajistán, que sitúa su lugar de nacimiento en Otrar, ha dado su nombre a su principal universidad nacional, en Almaty; Irán, Afganistán, Turquía, Uzbekistán y los países árabes también lo consideran parte de su patrimonio. Cada vez se lo estudia más como filósofo del lenguaje y de la política por sus propias aportaciones, y no solo como vínculo entre los pensadores griegos y los posteriores.

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Avanzado

Las fuentes biográficas y la cuestión de sus orígenes

Las primeras noticias sobre Al-Farabi son breves. El Fihrist de Ibn al-Nadim (987/988) lo menciona entre los especialistas en lógica de Bagdad. Las biografías más completas proceden de autores posteriores como Sa‘id al-Andalusi (siglo XI), Ibn al-Qifti e Ibn Abi Usaybi‘a (siglo XIII) e Ibn Khallikan (siglo XIII). Vivieron entre dos y tres siglos después de él y a veces discrepan entre sí. Muchos detalles sobre sus maestros y viajes, así como las anécdotas, dependen de estos relatos tardíos.

Sus orígenes son objeto de debate. Ibn Khallikan lo describe como turco y ofrece una genealogía con nombres que parecen túrquicos, mientras que otras fuentes guardan silencio o sugieren un origen persa. Algunos investigadores actuales señalan que sus escritos contienen explicaciones en persa y sogdiano, pero no en turco, y defienden un origen iranio (persa o sogdiano); el artículo de la Enciclopedia de Filosofía de Stanford indica que investigaciones más recientes apuntan en esa dirección. Otros siguen defendiendo un origen túrquico. También es incierta la ubicación de Farab: podría haber estado en Transoxiana o en Jorasán.

Estas cuestiones han adquirido importancia política en la actualidad, pues varias naciones reivindican a Al-Farabi como parte de su patrimonio nacional. Los historiadores advierten que las categorías étnicas del siglo X no se corresponden exactamente con las naciones actuales y que Al-Farabi escribió toda su obra en árabe dentro de una cultura erudita cosmopolita. Las escasas pruebas disponibles no permiten llegar a una conclusión definitiva.

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Avanzado

Cómo leer a Al-Farabi: debates académicos

¿Escribía entre líneas o expresaba sus verdaderas convicciones? A mediados del siglo XX, el filósofo político Leo Strauss sostuvo que Al-Farabi, como otros filósofos medievales que vivían bajo autoridades religiosas, a veces escribía «entre líneas»: presentaba con cautela opiniones contrarias a las creencias dominantes y reservaba sus verdaderas enseñanzas para lectores atentos. Los investigadores influidos por Strauss, especialmente Muhsin Mahdi y Charles Butterworth, dieron gran importancia a las obras políticas de Al-Farabi y entendieron su metafísica neoplatónica, en parte, como una adaptación retórica. Otros, entre ellos Dimitri Gutas, Stephen Menn y Thérèse-Anne Druart, rechazan esta lectura y consideran que su metafísica y su teoría de la emanación ocupaban un lugar central en su pensamiento y reflejaban sus convicciones sinceras.

¿Qué obras escribió realmente? La Armonización de las opiniones de los dos sabios, que sostiene que Platón y Aristóteles coinciden en puntos esenciales, se consideró durante mucho tiempo un texto clave para entender el pensamiento de Al-Farabi. En 2009, Marwan Rashed cuestionó su autenticidad y argumentó que pertenecía a otro entorno intelectual; Cecilia Martini Bonadeo y otros han defendido que Al-Farabi fue su autor. La respuesta influye en cómo entendemos su relación con el neoplatonismo.

¿Son coherentes sus distintas obras? Los testimonios según los cuales su comentario perdido sobre la Ética a Nicómaco negaba la inmortalidad individual, junto con las diferencias entre La ciudad virtuosa y El régimen político, plantean varias posibilidades: que Al-Farabi cambiara de opinión, adaptara su mensaje a distintos públicos o que los testimonios no reflejen correctamente sus ideas. También continúa el debate sobre si, para él, los seres humanos adquieren los conceptos universales por abstracción a partir de la experiencia sensible o mediante una emanación del Intelecto Agente.

El estado de los textos. Desde la década de 1980, los estudios sobre Al-Farabi han avanzado mucho, pero numerosas obras todavía carecen de ediciones críticas fiables o de traducciones completas al inglés, entre ellas partes importantes de sus escritos de lógica y del Gran libro de la música. Las nuevas ediciones, como los trabajos recientes sobre el Libro de las letras, siguen modificando nuestra comprensión de su obra. La edición y traducción de La ciudad virtuosa de Richard Walzer (1985) y los estudios de Muhsin Mahdi sobre su filosofía política siguen siendo referencias fundamentales.

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Ideas clave

El Segundo Maestro
Título de Al-Farabi que lo reconocía como el mayor intérprete de Aristóteles después del propio Aristóteles.
La lógica como gramática universal del pensamiento
La lógica establece reglas para razonar correctamente sobre los significados expresados en cualquier lengua, a diferencia de la gramática de una lengua concreta.
Emanación
La realidad fluye necesariamente desde la Causa Primera, a través de una serie de diez intelectos, hasta el mundo del cambio.
Intelecto Agente
El décimo intelecto, que hace posible el conocimiento humano; la unión con él constituye la mayor felicidad.
La ciudad virtuosa
Una comunidad en la que todos cooperan, bajo la guía de un gobernante sabio, para alcanzar la verdadera felicidad.
Filósofo profeta
El primer gobernante ideal combina la sabiduría filosófica con la capacidad imaginativa de expresar verdades mediante símbolos y leyes.
La religión como imagen de la filosofía
La religión transmite verdades filosóficas mediante símbolos y discursos persuasivos adecuados a todo un pueblo.

Registros

  1. c. 870 d. C. — Nace Al-Farabi, probablemente en Farab, en Transoxiana, o en Faryab, en Jorasán.
  2. c. 873 d. C. — Mueren el filósofo Al-Kindi y el traductor Hunayn ibn Ishaq.
  3. c. 900 d. C. — Al-Farabi estudia y enseña en Bagdad entre especialistas aristotélicos en lógica.
  4. 932 d. C. — Debate en Bagdad entre el especialista en lógica Abu Bishr Matta y el gramático Abu Sa‘id al-Sirafi sobre la lógica y la gramática.
  5. c. 943 d. C. — Al-Farabi deja Bagdad y parte hacia Siria.
  6. c. 945 d. C. — Sayf al-Dawla establece el dominio hamdánida en Alepo y brinda su mecenazgo a Al-Farabi.
  7. 950 d. C. — Muere Al-Farabi en Damasco (en diciembre de 950 o enero de 951).
  8. c. 987 d. C. — El Fihrist de Ibn al-Nadim menciona a Al-Farabi entre los especialistas en lógica de Bagdad.
  9. c. 1000 — El joven Ibn Sina comprende la Metafísica de Aristóteles gracias al tratado de Al-Farabi.
  10. c. 1150 — La Enumeración de las ciencias se traduce al latín en Toledo.

Glosario

Falsafa
Filosofía de tradición griega practicada en árabe.
Órganon
Conjunto de las obras de Aristóteles sobre lógica.
Emanación
Flujo necesario de la realidad desde un principio superior, como la luz que procede del Sol.
Intelecto Agente
El último de los intelectos celestes, que permite que el conocimiento humano pase de la potencia al acto.
Intelecto adquirido
Etapa en la que la mente humana ha hecho plenamente suyas las formas inteligibles.
Ciudad virtuosa
Comunidad ideal de Al-Farabi, organizada para conducir a sus miembros a la verdadera felicidad.
Imán
En el pensamiento de Al-Farabi, dirigente supremo de la comunidad virtuosa.
Kalām
Teología dialéctica islámica que defiende las creencias religiosas mediante argumentos.
Hamdánidas
Dinastía árabe que gobernó el norte de Siria y la Alta Mesopotamia en el siglo X; Sayf al-Dawla gobernó Alepo.
‘Ūd
Laúd de mástil corto, instrumento central en la teoría de la música de Al-Farabi.

Preguntas y respuestas

¿Por qué llamaban a Al-Farabi «el Segundo Maestro»?

Porque se consideraba que comprendía y enseñaba a Aristóteles, «el Primer Maestro», mejor que cualquier otra persona.

¿De dónde era?

Probablemente de un lugar llamado Farab. Muchos creen que se trata de Otrar, en el actual Kazajistán; otros piensan que era Faryab, en Afganistán. No se sabe con certeza.

¿De verdad hizo reír, llorar y dormir a la gente con su música?

Es una historia famosa contada siglos después. Casi con seguridad es una leyenda, pero sí escribió uno de los libros más importantes sobre música.

¿Al-Farabi era turco o persa?

Las fuentes medievales discrepan y los investigadores actuales tampoco están de acuerdo. Las investigaciones recientes tienden a señalar un origen iranio, mientras que otros defienden un origen túrquico. Escribió solo en árabe.

¿En qué se diferencia su ciudad virtuosa de la república de Platón?

Se inspira en Platón, pero su gobernante también es profeta y legislador, la religión desempeña una función central y Al-Farabi imagina naciones virtuosas e incluso una comunidad mundial virtuosa, además de una ciudad.

¿Pensaba Al-Farabi que la religión y la filosofía estaban en conflicto?

No. Sostenía que la religión expresa las verdades de la filosofía mediante símbolos y un lenguaje persuasivo adecuado a todo un pueblo, aunque consideraba la filosofía una forma superior de conocimiento.

¿Qué es la interpretación «esotérica» de Al-Farabi?

Leo Strauss y sus seguidores sostenían que Al-Farabi ocultaba algunas opiniones contrarias a las creencias dominantes detrás de un lenguaje cauteloso. Otros rechazan esta interpretación y entienden su metafísica tal como está escrita.

Fuentes y lecturas recomendadas

  1. Thérèse-Anne Druart, al-Farabi. Stanford Encyclopedia of Philosophy
  2. Luis Xavier López-Farjeat, al-Farabi’s Psychology and Epistemology. Stanford Encyclopedia of Philosophy
  3. Greek Sources in Arabic and Islamic Philosophy. Stanford Encyclopedia of Philosophy
  4. Al-Farabi. Wikipedia
  5. House of Wisdom. Wikipedia
  6. Richard Walzer, Al-Farabi on the Perfect State: Abū Naṣr al-Fārābī’s Mabādiʾ ārāʾ ahl al-madīna al-fāḍila. Clarendon Press, Oxford, 1985
  7. Muhsin S. Mahdi, Alfarabi and the Foundation of Islamic Political Philosophy. University of Chicago Press, 2001

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Redactado con ayuda de IA a partir de las fuentes publicadas arriba y revisado a medida que surgen nuevas investigaciones.

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