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Para jóvenes lectores
Hace mucho tiempo, Roma era una república. Eso significaba que no podía haber un rey. Los dirigentes eran elegidos por un tiempo limitado y un consejo de hombres importantes, llamado Senado, los aconsejaba. Los romanos estaban muy orgullosos de su república. La palabra «rey» les molestaba porque, siglos antes, habían expulsado a su último rey.
Julio César era un gran general. Conquistó la Galia, que hoy corresponde en gran parte a Francia, y ganó una guerra civil contra otros dirigentes romanos. Después se convirtió en dictador, un gobernante con poderes especiales. Normalmente, un dictador ocupaba el cargo solo unos meses, pero César fue nombrado dictador de por vida. Algunos lo querían porque había ayudado a los pobres y a sus soldados. Otros temían que quisiera convertirse en rey.
Unos sesenta senadores prepararon un plan secreto. El 15 de marzo, un día que los romanos llamaban los idus de marzo, César fue a una reunión del Senado. Los conspiradores lo rodearon como si quisieran pedirle un favor. Entonces sacaron las dagas que escondían bajo la ropa. Apuñalaron a César 23 veces y murió al pie de una estatua de Pompeyo, que había sido su rival.
Uno de los conspiradores era Bruto, un hombre al que César había perdonado y en quien confiaba. En una famosa obra de teatro de William Shakespeare, César dice «¿También tú, Bruto?». Pero esa frase apareció mucho después. Según un escritor antiguo, algunas personas decían que César habló en griego y dijo algo parecido a «¿También tú, hijo?». Otras decían que no dijo nada.
Los conspiradores creían que todos les darían las gracias por liberar a Roma. Pero muchos romanos se enfadaron. Comenzaron nuevas guerras, los conspiradores fueron derrotados y Octaviano, el hijo adoptivo de César, se convirtió en Augusto, el primer emperador romano. El plan para salvar la República terminó por ponerle fin.
De un vistazo
- Fecha
- 15 de marzo del 44 a. C., los idus de marzo
- Lugar
- Curia de Pompeyo, sala de reuniones del complejo teatral de Pompeyo en el Campo de Marte de Roma, cerca del actual Largo di Torre Argentina
- Víctima
- Cayo Julio César, dictador de por vida (dictator perpetuo), de 55 años
- Conspiradores
- Más de sesenta senadores, encabezados por Marco Junio Bruto, Cayo Casio Longino y Décimo Junio Bruto Albino; se conocen los nombres de unos veinte
- Heridas
- 23 heridas de arma blanca, de las cuales, según el médico Antistio, solo una era mortal
- Objetivo
- Acabar con el poder casi monárquico de César y restaurar la República tradicional
- Resultado
- Nuevas guerras civiles; derrota de los conspiradores en Filipos (42 a. C.); ascenso de Octaviano (Augusto) y del Imperio romano
- Fuentes principales
- Nicolás de Damasco, Plutarco, Suetonio, Apiano y Dion Casio; cartas y discursos de Cicerón
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¿Qué ocurrió?
La mañana del 15 de marzo del 44 a. C., el Senado romano se reunió en una sala llamada Curia de Pompeyo. La sede habitual del Senado se había incendiado en el 52 a. C. y la nueva que César estaba construyendo aún no estaba terminada. Por eso, las reuniones se celebraban en aquella sala, situada junto al gran complejo teatral que había construido Pompeyo, antiguo rival de César.
César llegó tarde. La noche anterior, su esposa Calpurnia había tenido un sueño aterrador y le había rogado que se quedara en casa. Además, los sacrificios realizados por los sacerdotes habían dado malos presagios. Décimo Bruto, uno de los conspiradores en quien César confiaba, fue a su casa y lo convenció de que no decepcionara al Senado. Según Plutarco, durante el trayecto un maestro griego llamado Artemidoro le entregó una nota que lo advertía de la conspiración, pero César no la leyó.
Cuando César se sentó, un grupo de senadores lo rodeó. Lucio Tilio Cimbro fingió suplicarle que permitiera regresar del exilio a su hermano y luego le tiró de la toga hasta descubrirle los hombros: era la señal. Publio Servilio Casca dio la primera puñalada. Los demás se sumaron al ataque e incluso se hirieron entre sí en medio de la confusión. César recibió 23 heridas y cayó al pie de una estatua de Pompeyo.
Los senadores que no participaban en la conspiración huyeron aterrados. Los conspiradores salieron con las dagas en alto, gritando consignas sobre la libertad. El cuerpo de César permaneció en la sala vacía hasta que tres esclavos lo llevaron a casa en una litera, con un brazo colgando.
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Antecedentes: cómo llegó César a tener tanto poder
Durante siglos, Roma había sido una república. El poder se repartía entre magistrados elegidos para mandatos de un año, sobre todo los dos cónsules, y el Senado, un consejo formado por antiguos magistrados. Los romanos contaban que habían expulsado a su último rey, Tarquinio el Soberbio, hacia el 509 a. C. Desde entonces, la propia palabra rex, «rey», era detestada.
En el siglo I a. C., este sistema entró en crisis. Los dominios de Roma habían crecido enormemente y varios generales poderosos, respaldados por ejércitos leales, competían por el control. Julio César, nacido en el 100 a. C., destacó como político popular y conquistó la Galia entre el 58 y el 50 a. C. mediante una serie de campañas brutales. Cuando sus enemigos en el Senado intentaron quitarle el mando, cruzó el río Rubicón con su ejército y entró en Italia en el 49 a. C. Así comenzó una guerra civil contra Pompeyo y el gobierno senatorial.
César venció. Pompeyo fue asesinado en Egipto en el 48 a. C. y César derrotó a las fuerzas pompeyanas que quedaban en África y en Hispania antes del 45 a. C. Se hizo famoso por su clementia, o clemencia: en vez de ejecutar a sus adversarios derrotados, perdonó a muchos de ellos, entre ellos Marco Bruto y Cayo Casio, y les concedió cargos.
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¿Por qué lo mataron los conspiradores?
Después de la guerra, César concentró más poder que cualquier romano anterior. Fue nombrado dictador por diez años en el 46 a. C. y, a comienzos del 44 a. C., dictator perpetuo, es decir, dictador de por vida. Decidía quién ocuparía los cargos públicos y el Senado le concedió honores extraordinarios: una silla de oro, una estatua entre las de los antiguos reyes, su retrato en monedas mientras aún vivía y el cambio de nombre de su mes de nacimiento, Quintilis, por Iulius (julio).
Varios incidentes alimentaron el temor de que quisiera ser rey. Cuando los senadores acudieron a rendirle homenaje, los recibió sentado. Alguien colocó una diadema, símbolo de la realeza, sobre su estatua. Durante la fiesta de las Lupercales, el 15 de febrero del 44 a. C., su colega en el consulado, Marco Antonio, le ofreció una corona en público. César la rechazó, pero muchos sospecharon que la escena había sido preparada para poner a prueba la opinión pública.
César también estaba a punto de salir de Roma para emprender una gran guerra contra el Imperio parto en Oriente, prevista para el 18 de marzo. Estaría ausente durante años y sus partidarios controlarían las magistraturas. Para los conspiradores, aquella era la última oportunidad de actuar.
Sus motivos eran diversos. Algunos, como Bruto, actuaban por lealtad a la República y al recuerdo de su supuesto antepasado Lucio Junio Bruto, quien había expulsado a los reyes. Otros resentían el control de César sobre sus carreras, habían perdido prestigio o tenían agravios personales. Muchos eran antiguos partidarios de Pompeyo a quienes César había perdonado; otros, como Décimo Bruto y Cayo Trebonio, habían sido oficiales de César durante mucho tiempo.
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Los conspiradores y su plan
Suetonio afirma que más de sesenta hombres participaron en la conspiración; se conservan los nombres de unos veinte. Entre los dirigentes estaban Marco Junio Bruto, pretor urbano y político interesado en la filosofía, respetado por su integridad; Cayo Casio Longino, también pretor y soldado experimentado, a menudo considerado el principal impulsor; Décimo Junio Bruto Albino, uno de los generales de mayor confianza de César y cónsul designado para el 42 a. C.; y Cayo Trebonio, antiguo cónsul. Entre los demás figuraban los hermanos Casca, Tilio Cimbro, Minucio Basilo y Casio de Parma.
Los conspiradores debatieron dónde atacar: en la Vía Sacra, durante las elecciones o en el Senado. Eligieron la reunión del Senado porque César estaría rodeado únicamente de senadores y porque matar allí a César podía presentarse como un acto público del órgano de gobierno, en lugar de un asesinato privado. Poco antes, César había prescindido de su guardia personal hispana.
También debatieron si debían matar a Marco Antonio. Bruto insistió en que solo debía morir el tirano, para que el acto pareciera un acto de justicia y no una purga entre facciones. Aquel día, Trebonio —o Décimo, según algunos relatos— mantuvo a Antonio conversando fuera de la sala. Esta decisión resultó fatal para los conspiradores, pues Antonio sobrevivió y encabezó el bando cesariano.
El orador Cicerón, el político republicano más célebre, no fue informado de la conspiración, quizá porque los conspiradores dudaban de su valor. Después elogió el asesinato con entusiasmo en sus cartas y discursos, y solo lamentó que Antonio hubiera quedado con vida.
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Los idus de marzo: presagios, últimas palabras y herida mortal
Los escritores antiguos rodearon aquel día de presagios, como solían hacer con la muerte de los grandes personajes. El adivino Espurina había advertido a César de que correría peligro antes de que terminaran los idus de marzo. Según Suetonio y Plutarco, ese mismo día César bromeó diciéndole que los idus ya habían llegado; Espurina respondió que habían llegado, pero que aún no habían pasado. La célebre advertencia «Guárdate de los idus de marzo» procede de la versión de Shakespeare.
No se sabe con certeza cuáles fueron las últimas palabras de César. Suetonio cuenta que gritó al recibir la primera puñalada y que después, al ver dagas por todas partes, guardó silencio, se cubrió el rostro con la toga y acomodó sus pliegues para caer con decoro. Añade que algunos autores afirmaban que, cuando Bruto lo atacó, César dijo en griego kai su, teknon, «¿también tú, hijo?». Plutarco dice que, al ver a Bruto con una daga desenvainada, César se cubrió la cabeza con la toga y dejó de resistirse. La frase latina «Et tu, Brute?» procede del teatro renacentista y se hizo famosa gracias a Julio César (1599), de Shakespeare.
Suetonio relata que el médico Antistio examinó el cuerpo y concluyó que, de las 23 heridas, solo una era mortal: la segunda, situada en el pecho. A veces se considera el primer informe de autopsia del que se tiene noticia, aunque se trató de un examen del cuerpo, no de una disección.
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Consecuencias inmediatas: amnistía, funeral y testamento
Más allá de proclamar la libertad, los conspiradores no tenían un plan para lo que vendría después. Se refugiaron en la colina Capitolina. La ciudad quedó conmocionada. Antonio, como cónsul, y Marco Emilio Lépido, que mandaba tropas cerca de la ciudad, controlaban las fuerzas armadas. El 17 de marzo se reunió el Senado y, con el apoyo de Cicerón, alcanzó un acuerdo: los asesinos recibirían una amnistía, pero todas las decisiones y nombramientos de César seguirían siendo válidos, pues muchos senadores le debían sus cargos.
Luego cambió el ánimo de la población. Se abrió el testamento de César: dejaba 300 sestercios a cada ciudadano romano, cedía al pueblo sus jardines al otro lado del Tíber y adoptaba como hijo y principal heredero a su sobrino nieto de dieciocho años, Cayo Octavio. En el funeral público celebrado en el Foro, el discurso de Antonio y la exhibición de la toga ensangrentada de César enfurecieron a la multitud. La gente levantó una pira allí mismo y quemó el cuerpo en el propio Foro. Después salió con antorchas para atacar las casas de los conspiradores. Bruto y Casio pronto abandonaron Roma.
En julio del 44 a. C., durante unos juegos celebrados en honor de César, apareció un cometa brillante que fue visible durante siete días. Los romanos lo interpretaron como una señal de que el alma de César había ascendido junto a los dioses. Recibió el nombre de sidus Iulium, la estrella juliana. Octaviano, que ya se hacía llamar César, lo aprovechó hábilmente.
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Resultados: nuevas guerras civiles y fin de la República
El asesinato no restauró la República. Octaviano, Antonio y el Senado lucharon primero entre sí. Después, en noviembre del 43 a. C., Octaviano, Antonio y Lépido formaron el Segundo Triunvirato, una dictadura legal de tres hombres. Publicaron listas de proscripción que dejaban fuera de la ley a cientos de enemigos: sus bienes podían ser confiscados y cualquiera podía matarlos. Cicerón fue una de las víctimas; lo asesinaron el 7 de diciembre del 43 a. C.
Una ley aprobada en el 43 a. C., la lex Pedia, condenó a los asesinos de César. Trebonio murió en Asia ese mismo año y Décimo Bruto fue capturado y ejecutado en la Galia, también en el 43 a. C. Bruto y Casio reunieron ejércitos en las provincias orientales y acuñaron monedas para celebrar su acción. Una famosa moneda de plata muestra un gorro de liberto entre dos dagas y lleva la inscripción EID MAR, «idus de marzo». En octubre del 42 a. C., Antonio y Octaviano los derrotaron en dos batallas libradas en Filipos, Macedonia; ambos se quitaron la vida. Suetonio afirma que casi ninguno de los asesinos sobrevivió más de tres años a César o murió por causas naturales.
El 1 de enero del 42 a. C., el Senado declaró dios a César con el nombre de Divus Iulius. Más tarde se construyó un templo en su honor en el lugar del Foro donde habían quemado su cuerpo. La Curia de Pompeyo fue clausurada con un muro y los idus de marzo recibieron el nombre de Día del Parricidio; el Senado no volvería a reunirse en esa fecha.
El conflicto final enfrentó a Octaviano y Antonio. Tras su victoria en Accio en el 31 a. C., Octaviano se convirtió en el único gobernante del mundo romano y en el 27 a. C. recibió el nombre de Augusto. Evitó cuidadosamente los títulos de rey y dictador, pero mantuvo el poder de forma permanente. Había comenzado el Imperio romano, fundado por el heredero del hombre al que los conspiradores habían matado para impedir una monarquía.
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Memoria: ¿tiranicidio o asesinato?
Desde el principio, los romanos discreparon sobre el significado del asesinato. Para los conspiradores y para Cicerón, fue un tiranicidio: la muerte legítima y gloriosa de un tirano, siguiendo la tradición del primer Bruto. Para los soldados de César, los pobres de la ciudad y sus herederos, fue un parricidio: hombres a los que había perdonado habían matado al «padre de la patria». Bajo Augusto y los emperadores posteriores, la versión oficial condenó a los asesinos. Sin embargo, escritores como Lucano, en el siglo I d. C., todavía podían expresar admiración por la causa republicana.
Las épocas posteriores siguieron reescribiendo la historia. En el Infierno de Dante, Bruto y Casio son masticados eternamente en las bocas de Satanás junto a Judas, como traidores a su señor. En cambio, los republicanos del Renacimiento florentino admiraban a Bruto; Miguel Ángel esculpió un busto suyo. Julio César (1599), de Shakespeare, presentó a Bruto como un idealista trágico, «el más noble de todos los romanos», y popularizó frases como «Guárdate de los idus de marzo» y «Amigos, romanos, compatriotas».
En la época moderna, el asesinato se convirtió en un punto de referencia en los debates sobre la violencia política. Revolucionarios de los siglos XVIII y XIX presentaron a Bruto como un héroe de la libertad; otros señalaron las consecuencias del asesinato como prueba de que matar a un dirigente rara vez permite alcanzar los objetivos buscados. Los historiadores observan que la «libertad» defendida por los conspiradores beneficiaba sobre todo a una reducida élite senatorial, mientras que el apoyo de los soldados y los ciudadanos comunes a César era real.
El lugar del asesinato se ha identificado en el Largo di Torre Argentina, en el centro de Roma. En esta zona arqueológica, excavada desde finales de la década de 1920, pueden verse los cimientos de parte de la Curia de Pompeyo detrás de los restos de templos republicanos. Hoy también es conocida por albergar un refugio para gatos callejeros.
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Las fuentes y sus problemas
No se conserva ningún relato del asesinato escrito por un testigo presencial. Las narraciones más detalladas se redactaron entre medio siglo y más de dos siglos después. La más antigua es la Vida de Augusto, de Nicolás de Damasco, un erudito griego que conoció a Herodes el Grande y a Augusto. Probablemente la escribió a finales del siglo I a. C. o comienzos del siglo I d. C. Solo se conservan fragmentos, pero incluyen un relato detallado de la conspiración y de aquel día. Le siguen las Vidas de César y de Bruto de Plutarco, escritas hacia el 100 d. C., y la Vida del divino Julio de Suetonio, de alrededor del 120 d. C. Las Guerras civiles de Apiano, del siglo II d. C., y la Historia romana de Dion Casio, de comienzos del siglo III d. C., ofrecen narraciones continuas.
Estos autores se basaron en obras anteriores hoy perdidas, entre ellas historias escritas por Asinio Polión, contemporáneo de los hechos, y los libros pertinentes de Tito Livio. También compartían recursos literarios: presagios, discursos dramáticos y contrastes morales entre el noble Bruto y el resentido Casio. Detalles como el sueño de Calpurnia, la nota de Artemidoro y las palabras exactas que se pronunciaron forman parte de un relato que creció al repetirse y deben tratarse con cautela.
Las únicas pruebas escritas verdaderamente contemporáneas son las cartas de Cicerón, en especial las dirigidas a su amigo Ático durante las semanas posteriores a los idus, y sus Filípicas, discursos contra Antonio pronunciados en el 44 y el 43 a. C. Muestran la confusión, las esperanzas y la decepción de los meses posteriores al asesinato, pero reflejan la postura de Cicerón. Las monedas, como el denario EID MAR acuñado para Bruto, y los restos arqueológicos de la Curia de Pompeyo aportan pruebas materiales.
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Debates entre historiadores
¿Quería César ser rey? Algunos historiadores creen que aspiraba a una monarquía declarada, quizá según el modelo helenístico. Otros sostienen que le bastaba una dictadura que le diera el poder efectivo sin adoptar el odiado título de rey, y que los episodios de la corona fueron intentos de sus partidarios o sus enemigos de ponerlo en una situación difícil. Las propias fuentes antiguas discrepan. Además, la pregunta puede ser en parte anacrónica, pues la dictadura permanente ya lo convertía en un monarca en la práctica.
¿Había muerto ya la República? En The Roman Revolution (1939), Ronald Syme sostuvo que la República se había convertido en una lucha entre facciones aristocráticas y que la monarquía era el desenlace más probable. Según esa interpretación, el asesinato solo cambió quién llegaría a gobernar. Otros estudiosos subrayan que los acontecimientos pudieron haber sido distintos: si los conspiradores también hubieran matado a Antonio, o si César hubiera partido hacia Partia y muerto allí, la historia podría haber seguido otro curso.
¿Quién dirigió la conspiración? La tradición popular sitúa a Bruto en el centro. Algunos estudios recientes, especialmente The Death of Caesar (2015), de Barry Strauss, destacan el papel de Décimo Bruto y de antiguos oficiales de César. Muestran que la conspiración reunió tanto a cesarianos decepcionados como a antiguos pompeyanos. Apenas se conocen los motivos de los conspiradores menos destacados.
¿Esperaba César el ataque? Suetonio recoge la opinión de que César, cuya salud era mala, no deseaba vivir mucho más e hizo caso omiso de las advertencias. Otros interpretaban su decisión de prescindir de la guardia personal como una muestra de confianza en que el Senado lo necesitaba para evitar otra guerra civil. En última instancia, estas interpretaciones son especulativas, pero influyen en cómo se entiende el episodio: como una noble defensa de la libertad, una reacción aristocrática falta de previsión o una tragedia en la que todos calcularon mal.
Ideas clave
- República
- Sistema romano de magistrados elegidos para mandatos anuales y de un Senado, que los conspiradores querían defender frente al gobierno de un solo hombre.
- Tiranicidio
- Muerte de un tirano, considerada justificada en parte del pensamiento griego y romano; los conspiradores se veían a sí mismos como tiranicidas.
- Clementia
- Política de César de perdonar a los enemigos derrotados. Le granjeó apoyos, pero también dejó en el Senado a antiguos adversarios, algunos de los cuales lo mataron.
- Dictator perpetuo
- Título sin precedentes de César, «dictador de por vida», que convirtió una magistratura de emergencia en un poder permanente.
- Consecuencias imprevistas
- El asesinato, que pretendía restaurar la República, desencadenó guerras civiles que terminaron con el poder permanente de Augusto.
- Memoria y mito
- Desde Dante y Shakespeare hasta los revolucionarios modernos, la historia se ha vuelto a contar para expresar ideas cambiantes sobre la lealtad, la libertad y la violencia.
Registros
- 49 a. C. — César cruza el Rubicón e inicia una guerra civil contra Pompeyo y el Senado (49 a. C.).
- 48 a. C. — Pompeyo es derrotado en Farsalia y asesinado en Egipto (48 a. C.).
- 46 a. C. — César es nombrado dictador por diez años (46 a. C.).
- 44 a. C. — César se convierte en dictador de por vida (comienzos del 44 a. C.); Antonio le ofrece una corona durante las Lupercales, el 15 de febrero.
- 44 a. C. — 15 de marzo del 44 a. C.: César es asesinado en la Curia de Pompeyo; el 17 de marzo, el Senado concede una amnistía a sus asesinos.
- 44 a. C. — Julio del 44 a. C.: un cometa visible durante unos juegos en honor de César es celebrado como su alma ascendiendo junto a los dioses.
- 43 a. C. — Se forma el Segundo Triunvirato y comienzan las proscripciones; Cicerón es asesinado (43 a. C.).
- 42 a. C. — César es divinizado como Divus Iulius (1 de enero); Bruto y Casio son derrotados en Filipos y mueren (octubre del 42 a. C.).
- 31 a. C. — Octaviano derrota a Antonio y Cleopatra en Accio (31 a. C.).
- 27 a. C. — Octaviano recibe el nombre de Augusto; comienza el Principado (27 a. C.).
- c. 121 d. C. — Suetonio escribe su Vida del divino Julio, un relato fundamental del asesinato.
- 1599 — Se representa por primera vez en Londres Julio César, de Shakespeare.
Glosario
- Idus
- En el calendario romano, la mitad del mes: el día 15 de marzo, mayo, julio y octubre, y el día 13 de los demás meses.
- Senado
- Consejo romano formado por antiguos magistrados, que asesoraba a los gobernantes y tenía gran autoridad.
- Dictador
- Originalmente, magistrado extraordinario con poder supremo nombrado para una emergencia por un máximo de seis meses.
- Curia
- Edificio donde se reunía el Senado.
- Cónsul
- Cada uno de los dos magistrados de mayor rango elegidos anualmente en la República romana.
- Pretor
- Magistrado de alto rango, inferior a los cónsules y encargado principalmente de la justicia; Bruto y Casio eran pretores en el 44 a. C.
- Proscripción
- Publicación de una lista de personas declaradas fuera de la ley, cuyos bienes eran confiscados y que podían ser asesinadas.
- Triunvirato
- Grupo de tres hombres que comparten el poder; el Segundo Triunvirato de Octaviano, Antonio y Lépido fue establecido formalmente por ley en el 43 a. C.
- Divinización
- Declaración oficial de que una persona se ha convertido en un dios; César fue el primer dirigente romano divinizado por el Estado.
- Libertadores
- Nombre que los conspiradores se daban a sí mismos.
Preguntas y respuestas
¿Por qué se llaman los idus de marzo?
Los romanos llamaban idus a la mitad de determinados meses. En marzo correspondían al día 15, la fecha en que murió César.
¿Dijo César realmente «Et tu, Brute?»?
Ninguna fuente antigua afirma que lo dijera. Suetonio cuenta que, según algunos, pronunció en griego unas palabras que significaban «¿también tú, hijo?», mientras que otros afirmaban que no dijo nada. Shakespeare hizo famosa la frase latina.
¿Era Bruto hijo de César?
Casi con toda seguridad, no. César mantuvo una larga relación con Servilia, la madre de Bruto, lo que dio lugar a rumores posteriores. Pero Bruto nació cuando César tenía unos quince años.
¿Cuántas personas mataron a César?
Según Suetonio, más de sesenta senadores participaron en la conspiración y muchos lo apuñalaron. César recibió 23 heridas.
¿Salvó el asesinato a la República romana?
No. Provocó más guerras civiles, la derrota de los conspiradores y el gobierno de Augusto, el primer emperador romano.
¿Dónde exactamente mataron a César?
En la Curia de Pompeyo, parte del complejo teatral de Pompeyo, y no en la sede del Senado situada en el Foro. Sus restos se encuentran en el Largo di Torre Argentina de Roma.
¿Son fiables los relatos sobre presagios y advertencias?
Proceden de escritores de los siglos I al III d. C. a quienes les gustaban las señales dramáticas del destino. Algunos podrían reflejar rumores reales, pero los historiadores los consideran parte de una tradición literaria y no hechos comprobados.
¿Participó Cicerón?
No. No fue informado de la conspiración, pero después celebró el asesinato con entusiasmo. Más tarde encabezó la oposición del Senado a Antonio, lo que le costó la vida.
Fuentes y lecturas recomendadas
- Assassination of Julius Caesar. Wikipedia
- Julius Caesar. Wikipedia
- 율리우스 카이사르. 위키백과
- Liberatores. Wikipedia
- Marcus Junius Brutus. Wikipedia
- Curia of Pompey. Wikipedia
- Suetonius, The Lives of the Caesars: Julius (trans. Alexander Thomson). Perseus Digital Library, Tufts University
- Plutarch, Life of Caesar (Loeb translation by Bernadotte Perrin). LacusCurtius (Bill Thayer), University of Chicago
- Ronald Syme, The Roman Revolution. Oxford University Press, 1939
- Barry Strauss, The Death of Caesar: The Story of History’s Most Famous Assassination. Simon & Schuster, 2015
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