Historia

Batalla de Maratón

Μάχη τοῦ Μαραθῶνος

490 a. C. · Maratón, Ática

En una frase

En 490 a. C., en una llanura costera al noreste de Atenas, un pequeño ejército de atenienses y plateos derrotó a una fuerza persa enviada por el rey Darío I. Atenas nunca dejó de celebrar aquella victoria, que dio nombre a la carrera moderna de maratón.

Batalla de Maratón
Imagen: John Steeple Davis · Public domain · Wikimedia Commons

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Para jóvenes lectores

Hace unos 2.500 años, Persia era el imperio más grande del mundo. Su rey, Darío, gobernaba tierras desde Egipto hasta la India. Atenas era una ciudad griega mucho más pequeña, pero había ayudado a otras ciudades griegas que luchaban contra el dominio persa. Darío se enfadó y envió barcos llenos de soldados por el mar.

Los soldados persas desembarcaron cerca de un lugar llamado Maratón. Era una llanura entre las montañas y el mar, a unos 40 kilómetros de Atenas. Los atenienses marcharon para enfrentarse a ellos, y la pequeña ciudad vecina de Platea envió soldados para ayudarlos. Los griegos llevaban armaduras pesadas, grandes escudos redondos y largas lanzas.

Durante varios días, los dos ejércitos se observaron. Entonces los griegos avanzaron de repente. Recorrieron el último tramo corriendo y chocaron contra la línea persa. Los persas hicieron retroceder el centro de la línea griega, pero los griegos vencieron en los dos extremos. Luego atacaron a los persas por ambos lados, como si cerraran los brazos alrededor de ellos. Los persas huyeron hacia sus barcos.

Más tarde se contó una historia sobre un mensajero que corrió desde Maratón hasta Atenas, gritó «¡Ganamos!» y cayó muerto. El relato histórico más antiguo de la batalla no cuenta eso, así que quizá no ocurrió. Pero la historia inspiró una nueva carrera en los primeros Juegos Olímpicos modernos, celebrados en 1896: el maratón.

Para los atenienses, la victoria de Maratón era un recuerdo muy valioso. Enterraron a los soldados que murieron allí mismo, bajo un gran montículo de tierra. También pintaron escenas de la batalla y contaron su historia una y otra vez. El montículo todavía se puede ver.

De un vistazo

Fecha
490 a. C., a finales del verano; suele situarse hacia el 12 de septiembre, aunque también se ha propuesto una fecha en agosto
Lugar
Llanura de Maratón, en el noreste del Ática, Grecia, a unos 40 km de Atenas
Bandos
Atenas y Platea contra una fuerza expedicionaria del Imperio persa aqueménida
Comandantes
Griegos: el polemarco Calímaco y diez generales atenienses, entre ellos Milcíades; persas: Datis y Artafernes
Fuerzas
Unos 9.000–10.000 atenienses y unos 1.000 plateos; se desconoce el número de persas, aunque las estimaciones modernas suelen rondar los 20.000–25.000 soldados de infantería
Bajas (según Heródoto)
192 atenienses y unos 6.400 persas muertos
Resultado
Victoria griega; la expedición persa se retiró a Asia
Fuente principal
Heródoto, Historias, libro VI, escrito unas dos generaciones después

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¿Qué fue la batalla de Maratón?

La batalla de Maratón se libró en el verano de 490 a. C. entre la ciudad-estado de Atenas, ayudada por su pequeña aliada Platea, y un ejército enviado por Darío I, rey del Imperio persa aqueménida. Tuvo lugar en la llanura de Maratón, una franja de terreno llano en la costa oriental del Ática, la región que rodea Atenas.

La fuerza persa había cruzado el mar Egeo en barcos, atacado varias islas por el camino, destruido la ciudad de Eretria en la isla de Eubea y desembarcado en Maratón. El ejército ateniense, formado por ciudadanos soldados, salió a su encuentro y acampó frente a él. Tras varios días de espera, los griegos atacaron y obtuvieron una clara victoria. Los persas escaparon hacia sus barcos y finalmente regresaron a su tierra.

Fue la primera vez que un ejército de griegos de la Grecia continental venció a un ejército persa en una gran batalla campal. La batalla no puso fin a las guerras entre griegos y persas: diez años después, Jerjes, hijo de Darío, invadió Grecia con un ejército mucho mayor. Pero Maratón demostró que las fuerzas persas podían ser derrotadas y se convirtió en uno de los recuerdos más orgullosos de Atenas.

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¿Por qué llegó Persia a Grecia?

A mediados del siglo VI a. C., el rey persa Ciro el Grande conquistó un territorio enorme que incluía las ciudades griegas de la costa de Asia Menor (actual oeste de Turquía), una región que los griegos llamaban Jonia. Estas ciudades eran gobernadas por tiranos griegos locales leales a Persia.

Hacia 499 a. C., las ciudades jonias se rebelaron. Atenas y Eretria enviaron barcos para ayudarlas y, en 498 a. C., los rebeldes y sus aliados incendiaron Sardes, una importante capital regional persa. La rebelión fue sofocada en 494 a. C., cuando los persas derrotaron a la flota jonia en Lade y saquearon Mileto. Heródoto cuenta que Darío nunca olvidó la participación de Atenas.

También había una razón personal y política. Hipias, el último tirano de Atenas, había sido expulsado en 510 a. C. y se había refugiado en la corte persa. Esperaba que los persas lo devolvieran al poder. Según Heródoto, fue Hipias, ya anciano, quien guio a los persas hasta Maratón, quizá porque su familia tenía partidarios en esa parte del Ática y porque su padre, Pisístrato, había desembarcado allí décadas antes cuando se dirigía a tomar el poder.

Antes de la invasión, Darío envió mensajeros a las ciudades griegas para pedirles «tierra y agua», la señal tradicional de sumisión. Muchas ciudades aceptaron. Atenas y Esparta se negaron; Heródoto incluso dice que mataron a los mensajeros.

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¿Quiénes lucharon y cómo?

El ejército ateniense estaba formado por hoplitas: ciudadanos que podían costearse un casco de bronce, una coraza, grebas (protecciones para las espinillas), un gran escudo redondo y una larga lanza de acometida. Luchaban hombro con hombro en una formación cerrada llamada falange, en la que el escudo de cada hombre protegía en parte al que tenía al lado. Los hoplitas no eran soldados de profesión: eran agricultores, artesanos y propietarios de tierras que servían cuando la ciudad los convocaba.

Atenas podía reunir aproximadamente entre 9.000 y 10.000 hoplitas. Platea, una pequeña ciudad de la vecina Beocia que mantenía desde hacía tiempo buenas relaciones con Atenas, envió todo su ejército, unos 1.000 hombres. Esparta, la potencia militar más fuerte de Grecia, prometió ayuda, pero no llegó a tiempo.

El ejército persa era más diverso. Incluía soldados de muchos pueblos del imperio, a menudo con armaduras más ligeras que las de los hoplitas griegos y escudos de mimbre. Dependía mucho de los arqueros y de la caballería. Heródoto dice que la flota tenía 600 trirremes (barcos de guerra), aunque esta cifra puede ser exagerada o tradicional. No indica cuántos soldados había. Algunos autores antiguos posteriores hablaron de cientos de miles, lo cual es imposible; los historiadores modernos suelen calcular unos 20.000–25.000 combatientes y una fuerza de caballería menor, pero cualquier cifra es una estimación.

Los persas estaban al mando de Datis, un medo, y Artafernes, sobrino de Darío. En el bando ateniense, el mando se compartía entre diez generales, uno por cada una de las diez tribus de Atenas, y el polemarco (arconte de la guerra) Calímaco. El más famoso de los generales era Milcíades, miembro de una poderosa familia ateniense. Había gobernado en el Quersoneso tracio (Galípoli) bajo la autoridad de Persia y conocía su forma de hacer la guerra.

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La campaña de 490 a. C.

La expedición persa de 490 a. C. fue el segundo intento de llegar a Grecia. En 492 a. C., una fuerza dirigida por Mardonio había avanzado por Tracia y Macedonia, pero su flota naufragó durante una tormenta frente al monte Athos. Esta vez los persas navegaron directamente a través del Egeo. Capturaron Naxos, que se les había resistido diez años antes, y recibieron la sumisión de otras islas. Trataron con respeto el santuario de Delos, consagrado a Apolo, lo que sugiere una política deliberada de honrar a los dioses griegos.

La flota atacó después Eretria, en Eubea. Según Heródoto, tras seis días de asedio, dos destacados eretrios traicionaron a la ciudad. Los persas incendiaron sus templos en venganza por Sardes y deportaron a sus habitantes. Heródoto cuenta más adelante que Darío asentó a los cautivos eretrios en Cisia, en el núcleo del Imperio persa, donde todavía hablaban griego en tiempos del historiador.

Desde Eubea, los persas cruzaron a Maratón. Los atenienses enviaron a un corredor, Filípides (llamado Fidípides en fuentes posteriores), a Esparta para pedir ayuda; Heródoto dice que llegó al día siguiente de partir, tras recorrer unos 240 km. Los espartanos respondieron que no podían ponerse en marcha hasta la luna llena debido a una fiesta religiosa, identificada habitualmente con las Carneas. Mientras tanto, el ejército ateniense marchó a Maratón y acampó cerca de un santuario de Heracles, bloqueando los caminos hacia Atenas. Los plateos se unieron allí a ellos.

Durante varios días, ninguno de los bandos atacó. Los griegos ocupaban una posición fuerte; es posible que los persas esperaran un levantamiento de los atenienses que permanecían en la ciudad o una oportunidad para trasladar parte de sus fuerzas por mar. Heródoto describe un debate entre los diez generales: la mitad quería esperar a los espartanos y la otra mitad quería combatir. Milcíades convenció a Calímaco de que votara a favor de la batalla. Heródoto añade que los generales a quienes les correspondía ejercer el mando cedieron sus turnos a Milcíades, pero este esperó hasta que llegó su propio turno para atacar.

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La batalla

Para evitar que la línea persa, más larga, los rodeara por los flancos, los atenienses extendieron su propia línea hasta igualar su longitud. Para ello dejaron el centro menos profundo, con solo unas pocas filas, y mantuvieron fuertes las alas. Calímaco, como polemarco, mandaba el ala derecha, el puesto de honor; los plateos ocupaban la izquierda. Según Plutarco, las tribus de Temístocles y Arístides se situaron en el centro.

Heródoto dice que los atenienses avanzaron unos ocho estadios (aproximadamente 1,5 km) y cargaron «a la carrera». Afirma que fueron los primeros griegos de los que tenía noticia en hacerlo y los primeros en enfrentarse sin miedo a la vista de las vestimentas medas. Los autores modernos dudan de que hombres con armaduras pesadas pudieran correr toda la distancia; una opinión frecuente es que caminaron la mayor parte del trayecto y corrieron el último tramo, al entrar en el alcance de los arqueros persas.

En el largo combate que siguió, las mejores tropas persas —los propios persas y los sacas, situados en el centro— rompieron el centro griego y lo persiguieron hacia el interior. Sin embargo, los griegos vencieron en ambas alas. En vez de perseguir a sus adversarios derrotados, las dos alas giraron hacia el interior y atacaron el centro persa desde ambos lados. Los persas huyeron hacia la costa y los barcos, y los griegos los persiguieron hasta el mar. Cerca de las naves hubo intensos combates; los atenienses capturaron siete, pero las demás escaparon.

Heródoto cifra los muertos en 192 atenienses y unos 6.400 persas. Entre los atenienses caídos estaban el polemarco Calímaco, un general llamado Estesilao y Cinegiro, hermano del dramaturgo Esquilo, a quien un hacha le cortó una mano cuando se agarró a la popa de un barco persa. El propio Esquilo luchó en la batalla. No se registraron las bajas plateas, y tampoco se sabe con certeza cuántas personas esclavizadas lucharon y murieron; Pausanias, que escribió siglos después, menciona que se enterró a esclavos en Maratón.

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Después de la batalla: el regreso apresurado a Atenas y la llegada de los espartanos

La batalla no acabó con el peligro. La flota persa rodeó el cabo Sunión rumbo a Falero, el antiguo puerto de Atenas, quizá con la esperanza de encontrar la ciudad indefensa. Heródoto relata el rumor de que alguien había hecho una señal a los persas con un escudo desde una montaña y de que se culpó a la familia de los Alcmeónidas; él mismo rechaza la acusación. El ejército ateniense regresó rápidamente a la ciudad y acampó junto a otro santuario de Heracles, en Cinosarges. Cuando llegaron los barcos persas y vieron al ejército esperándolos, no desembarcaron y pronto navegaron de vuelta a Asia.

Dos mil espartanos llegaron después de la luna llena, tras marchar de Esparta al Ática en tres días. Llegaron demasiado tarde para combatir. Pidieron ver a los persas muertos, los contemplaron en el campo de batalla, elogiaron a los atenienses y volvieron a casa.

Para Persia, Maratón fue un revés, pero no un desastre. La expedición había castigado a Eretria y sometido varias islas al dominio persa. Darío empezó a preparar una invasión mayor, pero murió en 486 a. C.; su hijo Jerjes la dirigió en 480 a. C. Aquella guerra incluyó las batallas de las Termópilas, Salamina y Platea, y terminó con la victoria griega en Platea en 479 a. C.

En Atenas, la victoria aumentó el prestigio de los hoplitas y de Milcíades, pero este pronto cayó en desgracia. En 489 a. C. dirigió una expedición fallida contra la isla de Paros, fue procesado y multado con 50 talentos, y murió a causa de una herida infectada. Mientras tanto, Temístocles convenció a los atenienses de que construyeran una gran flota. Fue esa armada, más que el ejército de hoplitas de Maratón, la que decidió la guerra en Salamina.

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Intermedio

Cómo recordó Atenas la batalla de Maratón

Los atenienses hicieron algo poco habitual: en vez de llevar a sus muertos a casa para enterrarlos, como llegó a ser su costumbre, sepultaron a los 192 en el campo de batalla bajo un gran túmulo de tierra, el Soros. Este todavía se alza en la llanura y mide unos 9 m de altura. Muchos creen que otro túmulo cercano es la tumba de los plateos. Los hombres que combatieron, los maratonomacos («combatientes de Maratón»), recibieron honores durante el resto de sus vidas.

La victoria se celebró en el arte y la religión. Una gran pintura de la batalla, que mostraba a Milcíades, Calímaco, dioses y héroes como Teseo luchando por Atenas, decoraba la Estoa Pintada (Estoa Poikile) del Ágora ateniense. Los atenienses dedicaron un tesoro en Delfos, que los autores antiguos relacionaron con Maratón, y se estableció un culto a Pan en una cueva de la ladera de la Acrópolis porque, según se decía, Pan se había encontrado con Filípides durante su carrera y le había prometido ayuda.

Se dice que Esquilo, el gran poeta trágico, escogió un epitafio que mencionaba únicamente su valor en Maratón y no sus obras. Para los atenienses de épocas posteriores, «los hombres de Maratón» se convirtieron en símbolo de las virtudes antiguas. Los oradores los evocaron una y otra vez, sobre todo cuando Atenas se enfrentó a nuevas amenazas procedentes de Macedonia en el siglo IV a. C.

La historia del mensajero que corrió desde Maratón hasta Atenas y murió después de anunciar la victoria aparece por primera vez en autores de la época romana, como Plutarco y Luciano, entre 500 y 600 años después de la batalla. Heródoto solo menciona la carrera hasta Esparta. Cuando el erudito francés Michel Bréal propuso una carrera de larga distancia para los primeros Juegos Olímpicos modernos, celebrados en Atenas en 1896, se inspiró en esa leyenda posterior. Más adelante, la distancia se fijó en 42,195 km.

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¿Fue Maratón un punto de inflexión? Perspectivas griegas y persas

Durante mucho tiempo, los autores europeos consideraron Maratón un momento decisivo de la historia mundial. En el siglo XIX, John Stuart Mill afirmó que Maratón era más importante para la historia de Inglaterra que la batalla de Hastings, y Edward Creasy la incluyó entre sus «quince batallas decisivas del mundo» (1851). Estas opiniones reflejaban una narración, heredada de Heródoto y de sus lectores griegos y europeos posteriores, según la cual unos griegos libres defendían «Occidente» frente a un despotismo «oriental».

Los estudios actuales son más cautelosos. Los historiadores del Imperio aqueménida señalan que ninguna fuente persa menciona la batalla; para el centro imperial, la expedición de 490 a. C. fue una operación relativamente limitada en una frontera lejana. Sus objetivos principales —castigar a Eretria y Atenas y quizá restaurar a Hipias— solo se cumplieron en parte, pero el imperio perdió poco. Desde esta perspectiva, Maratón fue una derrota local, no una catástrofe. Hoy se reconoce que la imagen de los persas como afeminados y cobardes, frecuente en escritos griegos posteriores, fue en parte producto de la manera en que los griegos definieron su propia identidad después de las guerras.

Al mismo tiempo, la batalla tuvo consecuencias reales. Impidió que se restaurara la tiranía en Atenas bajo protección persa, fortaleció las jóvenes instituciones democráticas creadas por Clístenes en 508/7 a. C. y dio a los atenienses una enorme confianza. Algunos historiadores sostienen que, sin Maratón, sería difícil imaginar la posterior armada ateniense, la Liga de Delos y los logros culturales de la Atenas del siglo V a. C., entre ellos el Partenón. Otros advierten que estas hipótesis sobre lo que habría ocurrido son especulativas.

También conviene recordar a las personas cuyas historias apenas se cuentan: los eretrios deportados a Persia, los plateos cuya participación tendió a quedar minimizada en la memoria ateniense, los esclavos que combatieron y los muchos soldados del ejército persa procedentes de Jonia, Egipto, el Levante y Asia Central que no eligieron participar en esta guerra.

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Fuentes, cifras y problemas sin resolver

Casi todo lo que sabemos procede de Heródoto de Halicarnaso, cuyas Historias se escribieron entre mediados y finales del siglo V a. C., unos 40–60 años después de la batalla. Heródoto habló con personas cuyos padres y abuelos recordaban la guerra, pero su relato de Maratón es breve y omite muchos datos que interesarían a un historiador militar: la ubicación exacta de los campamentos, el papel de la caballería persa y la cronología de los acontecimientos. Fuentes posteriores, como Cornelio Nepote, Plutarco y Pausanias, añaden detalles, pero es difícil saber si proceden de buenas fuentes más antiguas o de ampliaciones posteriores.

El problema de la caballería es el enigma más conocido. Heródoto nunca menciona a los jinetes persas durante el combate, aunque los persas habían llevado caballos. Un diccionario bizantino, la Suda, conserva el proverbio «la caballería está ausente» (chōris hippeis) y lo explica mediante una historia según la cual desertores jonios dijeron a los atenienses que la caballería persa se había marchado, lo que llevó a Milcíades a atacar. Algunos historiadores creen que los persas estaban embarcando de nuevo a su caballería para navegar hacia Atenas, lo que explicaría por qué los atenienses atacaron finalmente; otros desconfían de esta fuente tardía.

La fecha también es objeto de debate. Depende de cuándo coincidieron la luna llena y la fiesta espartana en 490 a. C. La fecha tradicional del 12 de septiembre fue calculada por August Böckh, erudito del siglo XIX; si el calendario espartano iba un mes adelantado, la batalla habría tenido lugar en agosto. El tamaño de los ejércitos, la longitud de la línea griega y la posibilidad de que los griegos corrieran los 1,5 km completos se discuten a partir de las escasas palabras de Heródoto, la topografía y los límites físicos de hombres con armadura.

La arqueología aporta algunas pruebas. El Soros fue excavado a finales del siglo XIX y en él se encontraron restos quemados, cenizas y cerámica de la época adecuada, lo que respalda su identificación como tumba de los atenienses caídos. Otro túmulo cercano a Vrana, excavado en 1970, ha sido identificado por algunos como la tumba de los plateos, aunque no hay certeza. Varios especialistas creen que una lista inscrita de caídos de la tribu Erecteida, hallada en 2000 en la villa de Herodes Ático, en el Peloponeso, es una copia o un original procedente de un monumento de Maratón; esta identificación sigue siendo debatida. La antigua línea de costa y la zona pantanosa de la llanura han cambiado, lo que complica la reconstrucción del campo de batalla.

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Ideas clave

Falange hoplítica
Formación compacta de ciudadanos armados con lanzas y armaduras pesadas, cuyos escudos superpuestos se protegían mutuamente; era la base de los ejércitos griegos en Maratón.
Doble envolvimiento
Las alas griegas derrotaron a sus adversarios y luego giraron hacia el interior para atacar el centro enemigo desde ambos lados.
Expedición de castigo
Desde el punto de vista persa, la campaña buscaba castigar a Eretria y Atenas por su papel en la revuelta jonia, más que conquistar toda Grecia.
Memoria cívica
Atenas convirtió la victoria en una parte central de su identidad mediante túmulos funerarios, pinturas, ofrendas y discursos.
Leyenda e historia
El corredor que murió después de anunciar la victoria solo aparece en autores muy posteriores; Heródoto cuenta una carrera distinta, hasta Esparta.
Grandes relatos históricos
Las ideas modernas sobre Maratón como un choque entre «Oriente y Occidente» reflejan tanto interpretaciones europeas posteriores como los hechos de 490 a. C.

Registros

  1. c. 546 a. C. — Ciro el Grande conquista Lidia y las ciudades griegas de Jonia quedan bajo dominio persa.
  2. 510 a. C. — Hipias, tirano de Atenas, es expulsado y más tarde se refugia en la corte persa.
  3. 508 a. C. — Las reformas de Clístenes sientan las bases de la democracia ateniense (508/7 a. C.).
  4. 499 a. C. — Comienza la revuelta jonia (499 a. C.); Atenas y Eretria envían barcos.
  5. 498 a. C. — Los rebeldes jonios y sus aliados atenienses y eretrios incendian Sardes (498 a. C.).
  6. 494 a. C. — La victoria persa en Lade y el saqueo de Mileto ponen fin a la revuelta (494 a. C.).
  7. 492 a. C. — Expedición de Mardonio; la flota persa naufraga frente al monte Athos (492 a. C.).
  8. 490 a. C. — Datis y Artafernes toman Naxos y Eretria, y son derrotados en Maratón (490 a. C.).
  9. 489 a. C. — Milcíades dirige una expedición fallida contra Paros; recibe una multa y muere (489 a. C.).
  10. 480 a. C. — Jerjes invade Grecia: batallas de las Termópilas y Salamina (480 a. C.).
  11. 479 a. C. — La victoria griega en Platea pone fin a la invasión persa (479 a. C.).
  12. 1896 — Se celebra la primera carrera moderna de maratón en los Juegos Olímpicos de Atenas.

Glosario

Hoplita
Ciudadano soldado griego armado con un gran escudo redondo, casco, armadura y lanza.
Falange
Formación de combate cerrada de hoplitas dispuestos en filas e hileras.
Polemarco
«Jefe militar»: uno de los arcontes anuales de Atenas, que en 490 a. C. todavía ejercía un mando militar formal.
Estratego (general)
Cada uno de los diez generales atenienses elegidos anualmente, uno por cada tribu.
Imperio aqueménida
Imperio persa fundado por Ciro el Grande, que en su máxima extensión abarcó desde Egipto y Anatolia hasta el río Indo.
Jonia
Región de la costa occidental central de Asia Menor donde había muchas ciudades griegas, como Mileto.
Trirreme
Barco de guerra rápido impulsado por tres filas de remos.
Tierra y agua
Símbolos que exigían los enviados persas como señal de que una ciudad aceptaba la autoridad del rey.
Soros
«Montículo»: el túmulo funerario de los atenienses caídos en la llanura de Maratón.
Carneas
Fiesta religiosa espartana durante la cual el ejército no debía ponerse en marcha.

Preguntas y respuestas

¿De verdad corrió un mensajero de Maratón a Atenas y murió?

Probablemente no ocurrió como cuenta la leyenda. Heródoto, nuestra fuente más antigua, relata que Filípides corrió a Esparta antes de la batalla. La historia del mensajero que muere solo aparece en autores muy posteriores.

¿A qué distancia está Maratón de Atenas?

A unos 40 km por carretera. La distancia del maratón moderno, 42,195 km, se fijó en el siglo XX.

¿Por qué no llegaron a tiempo los espartanos?

Dijeron que la ley religiosa no les permitía marchar antes de la luna llena, durante una fiesta. Algunos historiadores sospechan que también hubo motivos políticos, pero las fuentes antiguas dan la razón religiosa.

¿Cuántos soldados había?

Unos 10.000 atenienses y 1.000 plateos. Se desconoce el número de persas; las estimaciones modernas suelen rondar los 20.000–25.000, pero las cifras antiguas de cientos de miles son imposibles.

¿Dónde estaba la caballería persa?

Nadie lo sabe. Heródoto no la menciona durante la batalla. Una fuente tardía dice que se había marchado antes del combate, lo que podría explicar por qué los atenienses atacaron en ese momento.

¿Consideraron los persas que Maratón fue una gran derrota?

Ninguna fuente persa menciona la batalla. Para el imperio probablemente fue un revés limitado en una frontera lejana; su gran importancia procede de la memoria griega y, más tarde, europea.

¿Se puede visitar el campo de batalla?

Sí. El túmulo funerario de los atenienses todavía se alza en la llanura de Maratón, y hay un museo arqueológico cerca.

Fuentes y lecturas recomendadas

  1. Herodotus, The Histories, Book 6 (Greek text and English translation by A. D. Godley). Perseus Digital Library, Tufts University
  2. Battle of Marathon. Wikipedia
  3. 마라톤 전투. 위키백과
  4. Battle of Marathon. Encyclopaedia Britannica
  5. Pheidippides. Wikipedia
  6. Edward Shepherd Creasy, The Fifteen Decisive Battles of the World. Richard Bentley, 1851

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Redactado con ayuda de IA a partir de las fuentes publicadas arriba y revisado a medida que surgen nuevas investigaciones.

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