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Para jóvenes lectores
Agustín nació en el año 354 en una pequeña ciudad del norte de África, en lo que hoy es Argelia. Entonces, el Imperio romano aún gobernaba las tierras alrededor del mar Mediterráneo. Su madre, Mónica, era cristiana; su padre, Patricio, se hizo cristiano al final de su vida. Agustín aprendía muy rápido, y sus padres ahorraron dinero para que estudiara y se hiciera maestro de oratoria.
De joven quería ser famoso, divertirse y encontrar respuestas a grandes preguntas. ¿Por qué existe el mal? ¿Qué es la verdad? Conoció distintas ideas y vivió en Cartago, Roma y Milán, en Italia. Allí llegó a ser un maestro importante.
En Milán, cuando tenía 31 años, cambió de vida. Más tarde escribió que un día estaba llorando en un jardín cuando oyó la voz de un niño que decía: «Toma y lee, toma y lee». Abrió un libro con cartas de san Pablo, leyó unas líneas y decidió dedicar su vida a Dios. La primavera siguiente fue bautizado.
De regreso en África, se hizo sacerdote y después obispo de la ciudad portuaria de Hipona. Predicaba casi todas las semanas, ayudaba a resolver disputas, cuidaba de los pobres y escribió muchos libros y cartas. Su libro más famoso, las Confesiones, es como una larga oración en la que le cuenta a Dios su vida. También habla de cosas malas que hizo de niño, como robar peras solo por diversión.
Agustín vivió en una época difícil para el mundo romano. En el año 410, un ejército de godos tomó y saqueó Roma. Algunas personas preguntaron: «¿Pasó esto porque nos hicimos cristianos?». Agustín respondió con un libro muy largo, La ciudad de Dios. Murió en el año 430, mientras un ejército de vándalos rodeaba su ciudad.
De un vistazo
- Vivió
- 13 de noviembre de 354 – 28 de agosto de 430 d. C.
- Nació
- Tagaste, provincia romana de Numidia (actual Souk Ahras, Argelia)
- Murió
- Hipona (cerca de la actual Annaba, Argelia), durante el asedio de los vándalos
- Ocupaciones
- Maestro de retórica; sacerdote desde 391 y obispo de Hipona desde alrededor de 395 o 396
- Lengua
- Latín
- Obras principales
- Confesiones (c. 397–400), Sobre la Trinidad (c. 399–426), La ciudad de Dios (c. 413–426), La doctrina cristiana, y cientos de cartas y sermones
- Ideas principales
- El mal como ausencia del bien, el corazón inquieto que busca a Dios, la gracia y el pecado original, la experiencia interior del tiempo y la memoria, las dos ciudades
- Reconocido como
- Santo y doctor de la Iglesia en la tradición católica; también venerado en las tradiciones anglicana, luterana y ortodoxa
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¿Quién fue Agustín?
Aurelio Agustín, conocido como Agustín de Hipona o san Agustín, fue un pensador y obispo cristiano que vivió en el norte de África romano entre 354 y 430. Es uno de los autores más influyentes de la historia del pensamiento occidental. Durante dieciséis siglos, teólogos, filósofos, historiadores y poetas han debatido sus ideas y se han inspirado en ellas.
Nació en Tagaste, una pequeña ciudad de la provincia de Numidia, en el este de la actual Argelia. El norte de África era entonces una región próspera del Imperio romano donde se hablaba latín y había ciudades, granjas e iglesias. Agustín se consideraba africano y romano a la vez. Su familia pertenecía a la clase media local. Algunos especialistas creen que quizá tenía raíces bereberes (amaziges), aunque no puede demostrarse.
Durante aproximadamente la primera mitad de su vida, Agustín fue maestro de retórica, el arte de hablar de manera persuasiva, y buscó incansablemente la sabiduría. En la segunda mitad fue sacerdote y obispo de la ciudad portuaria de Hipona. Escribió más de cien libros, además de cientos de cartas y sermones que se conservan: más que casi cualquier otro autor de la Antigüedad.
Sus obras más famosas son las Confesiones, una autobiografía espiritual dirigida a Dios, y La ciudad de Dios, una extensa reflexión sobre la historia y la sociedad escrita después del saqueo de Roma en 410. Sus ideas sobre Dios, el mal, el libre albedrío, la gracia, la memoria, el tiempo, el amor y la Iglesia influyeron en el cristianismo medieval, la Reforma protestante y la filosofía moderna.
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Un joven inquieto
La madre de Agustín, Mónica, era una cristiana devota. De niño, Agustín fue inscrito como catecúmeno, es decir, alguien que se prepara para el bautismo, pero este se aplazó. Su padre, Patricio, era un concejal con recursos modestos y seguidor de la religión tradicional romana; fue bautizado poco antes de morir. Con la ayuda de un protector adinerado, la familia envió a Agustín a estudiar primero a la cercana Madaura y después a Cartago, la gran ciudad del África romana.
En las Confesiones, Agustín recuerda pequeñas escenas de su juventud: cuando estudiaba griego sin ganas, cuando lloraba por la muerte de Dido en la Eneida de Virgilio y cuando robó peras de un árbol vecino con sus amigos. No las robó porque tuviera hambre, sino por la emoción de hacer algo malo. Más tarde utilizó ese recuerdo para plantear una pregunta profunda: ¿por qué las personas eligen a veces el mal por el mal mismo?
Hacia los dieciocho años comenzó a vivir con una mujer cuyo nombre nunca menciona. Tuvieron un hijo, Adeodato («dado por Dios»), y permanecieron juntos unos quince años. A los diecinueve, la lectura del diálogo Hortensio de Cicerón, hoy perdido, despertó en él el amor por la filosofía, la búsqueda de la sabiduría.
Después se unió a los maniqueos, un movimiento religioso fundado por el profeta persa Mani que enseñaba que el mundo era un campo de batalla entre dos poderes iguales: la Luz y las Tinieblas. Durante unos nueve años, esta idea pareció responder a su pregunta sobre el origen del mal. Sin embargo, fue decepcionándose porque sus maestros no podían satisfacer sus dudas sobre astronomía y filosofía.
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El jardín de Milán
Después de enseñar en Tagaste y Cartago, Agustín fue a Roma en 383. En 384 obtuvo el cargo de profesor oficial de retórica en Milán, donde se encontraba la corte del emperador de Occidente. Su madre lo siguió y acordó su compromiso con una joven de buena familia. Agustín se separó de la madre de su hijo, una decisión que más tarde describió con dolor.
En Milán, dos influencias lo transformaron. Los sermones del obispo Ambrosio le mostraron que la Biblia podía leerse de una manera profunda y espiritual. Además, los «libros de los platónicos», obras de filósofos neoplatónicos como Plotino traducidas al latín por Mario Victorino, le enseñaron a concebir a Dios como una realidad espiritual que no ocupa un lugar en el espacio, y al mal como ausencia del bien en vez de como una sustancia.
En el verano de 386, según relata en el libro 8 de las Confesiones, estaba en un jardín, angustiado porque no conseguía renunciar a sus ambiciones ni a su vida sexual. Oyó desde una casa cercana la voz de un niño que repetía «tolle lege, tolle lege», «toma y lee». Abrió la Carta a los Romanos de Pablo y leyó un pasaje que exhortaba a revestirse de Cristo y a no satisfacer los deseos de la carne. Escribió que una «luz de certeza» inundó su corazón.
Renunció a su puesto, pasó varios meses dedicado a la filosofía en Casiciaco con familiares y amigos, y Ambrosio lo bautizó en la Pascua de 387, junto con su hijo y su amigo Alipio. Durante el viaje de regreso, su madre murió en Ostia, el puerto de Roma, poco después de que ambos compartieran una experiencia de elevación espiritual que Agustín describe de manera conmovedora en el libro 9.
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Obispo de Hipona
Al regresar a África en 388, Agustín se propuso llevar una vida tranquila de oración y estudio con amigos en Tagaste. Allí murió joven su hijo Adeodato. En 391, durante una visita a la ciudad portuaria de Hipona, la congregación lo reclamó y fue ordenado sacerdote, como ocurría a veces en la Iglesia primitiva. Hacia 395 o 396 se convirtió en obispo de Hipona, cargo que ocupó el resto de su vida.
En el África romana tardía, un obispo era una figura pública. Agustín predicaba con regularidad, a menudo varias veces por semana, y se conservan cientos de sermones transcritos por taquígrafos. Juzgaba disputas civiles en el tribunal episcopal, defendía a los pobres, intervenía ante las autoridades, liberaba a personas retenidas por traficantes de esclavos y administraba los bienes de la Iglesia. También vivía en comunidad con sus clérigos, compartiendo los bienes y una vida sencilla. Sus normas para esa comunidad fueron más tarde la base de la Regla de san Agustín, seguida por muchas órdenes religiosas.
Fue un escritor y corresponsal incansable. Intercambiaba cartas con obispos, funcionarios, intelectuales y cristianos corrientes de todo el Mediterráneo, entre ellos Jerónimo, que vivía en Belén. Participó en concilios eclesiásticos en Cartago y se convirtió en la principal voz intelectual de la Iglesia africana.
Sus últimos años estuvieron marcados por el derrumbe del poder romano en África. En 429, los vándalos cruzaron desde Hispania y, en 430, sitiaron Hipona. Agustín, enfermo de fiebre, murió el 28 de agosto de 430, durante el asedio. Según su biógrafo Posidio, tenía los salmos penitenciales escritos en la pared junto a su cama. Su biblioteca, sorprendentemente, sobrevivió.
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Las Confesiones: una vida contada a Dios
Las Confesiones, escritas hacia 397–400, constan de trece libros. Los primeros nueve relatan la vida de Agustín desde la infancia hasta la muerte de su madre en 387. El libro 10 examina su situación presente y la naturaleza de la memoria; los libros 11–13 se ocupan de los primeros capítulos del Génesis y reflexionan sobre el tiempo, la creación y el sentido de las Escrituras. Toda la obra se dirige a Dios en segunda persona, como una larga oración.
La palabra latina confessio significa tanto confesión de los pecados como proclamación de alabanza. El libro comienza con una frase célebre: «Nos hiciste para ti y nuestro corazón está inquieto hasta que descanse en ti». Agustín presenta su vida como una búsqueda de la felicidad donde no podía encontrarla, y su regreso a Dios como el descubrimiento de lo que en realidad buscaba.
Las Confesiones suelen considerarse la primera autobiografía de la literatura occidental, aunque los especialistas debaten esa clasificación porque no es un simple registro de hechos. Es una obra de profunda observación psicológica: Agustín examina sus motivos, la fuerza de los hábitos, la voluntad dividida, la amistad, el duelo y la manera en que el yo puede permanecer oculto incluso para sí mismo.
El libro 11 contiene un célebre análisis del tiempo. «¿Qué es, pues, el tiempo? Si nadie me lo pregunta, lo sé; si quiero explicárselo a quien me lo pregunta, no lo sé». Agustín sostiene que el pasado y el futuro existen solo en la mente, como memoria y expectativa, y que el tiempo es una especie de «distensión» (distentio) del alma. Filósofos desde Husserl hasta Ricoeur han dialogado con este análisis.
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La ciudad de Dios: la historia después de la caída de Roma
En agosto de 410, los visigodos dirigidos por Alarico tomaron y saquearon Roma. Era la primera vez en unos 800 años que la ciudad caía ante un enemigo extranjero. Llegaron refugiados a África y algunos seguidores de la religión tradicional romana afirmaron que Roma había caído porque había abandonado a sus antiguos dioses por el cristianismo. Agustín respondió con La ciudad de Dios, escrita por partes entre aproximadamente 413 y 426 y compuesta por veintidós libros.
Los libros 1–10 refutan la afirmación de que los dioses romanos habían protegido la ciudad o podían dar la felicidad eterna, y examinan críticamente la religión y la filosofía romanas, aunque elogian a Platón y a los platónicos por ser los más cercanos a la verdad cristiana. Los libros 11–22 cuentan la historia de dos «ciudades», dos comunidades definidas por lo que aman: la ciudad terrena, fundada en el amor a uno mismo hasta el desprecio de Dios, y la ciudad celestial, fundada en el amor a Dios hasta el desprecio de uno mismo.
Las dos ciudades están mezcladas en este mundo y solo se separarán al final de los tiempos. Ningún Estado terrenal, ni siquiera un Imperio romano cristiano, es idéntico a la ciudad de Dios. Agustín sostenía que la paz y el orden terrenales son bienes reales que los cristianos deben valorar, pero que los Estados también están marcados por el orgullo y el deseo de dominar (libido dominandi). Preguntó, en una frase célebre, qué son los reinos sin justicia sino grandes bandas de ladrones.
La ciudad de Dios ofreció al Occidente latino una forma de entender la historia como un relato con sentido que avanza hacia un final, sin identificar los propósitos de Dios con un imperio concreto. Influyó en la teoría política medieval, en los debates sobre la Iglesia y el Estado y en la idea de la guerra justa, que Agustín trató en diversos escritos.
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Ideas principales: Dios, el mal, el yo y el amor
Dios y el alma. Agustín escribió que solo quería conocer «a Dios y al alma». Buscó a Dios volviéndose hacia su interior: al examinar la mente, se descubren verdades inmutables, como las matemáticas, que están por encima de ella y apuntan a Dios como la Verdad misma. Llamó a esto «iluminación»: Dios ilumina la mente como el sol ilumina los objetos.
Certeza. Frente a los escépticos, Agustín sostuvo que hay cosas que no pueden ponerse en duda: «Si me equivoco, existo» (si fallor, sum). Este argumento, formulado más de mil años antes del «Pienso, luego existo» de Descartes, se ha comparado a menudo con él.
El mal. Frente a los maniqueos, Agustín sostuvo que todo lo creado por Dios es bueno y que el mal no es una cosa, sino una privación: una falta o corrupción del bien, como la ceguera en un ojo. El mal moral nace cuando la voluntad se aparta del bien superior para dirigirse a bienes inferiores.
El amor y el orden. Para Agustín, las personas se definen por aquello que aman. La virtud es el «amor ordenado»: amar cada cosa como merece y amar a Dios por encima de todo. El pecado es el amor desordenado. Su distinción entre las cosas que deben «disfrutarse» por sí mismas y las que deben «usarse» para alcanzar un bien superior influyó en la ética y la educación cristianas. Su obra La doctrina cristiana se convirtió en una guía fundamental para interpretar las Escrituras y aprovechar el saber clásico en el cristianismo.
La Trinidad. En Sobre la Trinidad, obra que escribió a lo largo de unos veinte años, Agustín exploró la doctrina cristiana de un solo Dios en tres personas. Buscó analogías en la mente humana, como la memoria, el entendimiento y la voluntad.
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Controversias: maniqueos, donatistas y pelagianos
Agustín desarrolló muchas de sus ideas mediante el debate. Frente a los maniqueos, sus antiguos compañeros, escribió sobre la bondad de la creación, la naturaleza del mal y el libre albedrío. En su obra temprana El libre albedrío sostuvo que Dios no es responsable del mal, que procede del mal uso de la libertad.
La controversia donatista dividió a la Iglesia africana. Los donatistas, una numerosa Iglesia rival, sostenían que los clérigos que habían entregado las Escrituras durante la persecución de principios del siglo IV habían perdido su santidad, y que los sacramentos administrados por clérigos indignos no eran válidos. Agustín argumentó que los sacramentos pertenecen a Cristo, no al ministro, y que la Iglesia en este mundo reúne a santos y pecadores. Después de una conferencia celebrada en Cartago en 411, las leyes imperiales reprimieron el donatismo. Agustín llegó a apoyar que el Estado ejerciera presión para que los donatistas regresaran a la Iglesia, postura muy criticada como justificación temprana de la coacción religiosa.
La controversia pelagiana, iniciada hacia 411, trataba sobre la gracia y la libertad humana. El asceta Pelagio, nacido en Britania, y sus seguidores enseñaban que las personas pueden cumplir los mandamientos de Dios mediante su propio esfuerzo y, por tanto, deben hacerlo. Agustín sostenía que, desde la caída de Adán, la humanidad está herida por el pecado original y que solo la gracia de Dios puede sanar la voluntad y permitirle amar el bien. En sus últimas obras, contra Juliano de Eclana, desarrolló posturas firmes sobre la predestinación.
Estas posturas influyeron profundamente en el cristianismo occidental, pero también suscitaron controversias. Las tradiciones cristianas orientales, que veneran a Agustín como santo, por lo general no adoptaron su doctrina del pecado original en la misma forma. Los debates sobre la gracia y el libre albedrío que él inició continuaron durante la Edad Media y la Reforma.
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Su influencia a lo largo de los siglos
En la Edad Media latina, Agustín fue la autoridad más citada después de la Biblia. Monjes, estudiosos y papas lo leyeron, y sus obras se copiaron en miles de manuscritos. Tomás de Aquino, aunque se apoyó mucho en Aristóteles, citó constantemente a Agustín. Órdenes religiosas como los canónigos y los frailes agustinos siguieron reglas asociadas a su nombre.
Martín Lutero fue fraile agustino, y los reformadores protestantes recurrieron a las enseñanzas de Agustín sobre la gracia para criticar lo que consideraban errores de su época. Los pensadores católicos también lo reivindicaron. En el siglo XVII, el movimiento jansenista de Francia, llamado así por Cornelio Jansen y su libro Augustinus, fue condenado por Roma en medio de debates sobre cómo interpretar la teología agustiniana de la gracia.
Los filósofos modernos han vuelto una y otra vez a Agustín. El cogito de Descartes se ha comparado con sus argumentos; Ludwig Wittgenstein abrió sus Investigaciones filosóficas con un pasaje de las Confesiones sobre cómo aprende a hablar un niño; Hannah Arendt dedicó su tesis doctoral al concepto agustiniano del amor; y sus reflexiones sobre el tiempo, la memoria y el yo siguen influyendo en la fenomenología y la filosofía de la mente.
Agustín también forma parte del patrimonio intelectual de África. En Argelia y otros lugares se destaca cada vez más su identidad africana, lo que recuerda a los lectores que una de las figuras fundamentales del pensamiento «occidental» fue un norteafricano que escribía en latín.
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Fuentes y fiabilidad: cómo conocemos a Agustín
La vida de Agustín está excepcionalmente bien documentada para una persona de la Antigüedad. Además de las Confesiones, contamos con la Vida de Agustín de Posidio, obispo de Calama, que lo conoció durante décadas, y con el Indiculum de Posidio, una lista de sus obras. Cerca del final de su vida, el propio Agustín escribió las Retractaciones, en las que revisó y corrigió sus libros en un orden aproximadamente cronológico. Esto ayuda a los especialistas a fecharlos.
Los nuevos descubrimientos siguen ampliando este registro. En la década de 1970, Johannes Divjak identificó en manuscritos conservados en Francia un grupo de cartas de Agustín hasta entonces desconocidas, publicadas en 1981. En 1990, François Dolbeau descubrió una colección de sermones desconocidos en un manuscrito de Maguncia. Estos textos muestran a Agustín afrontando problemas cotidianos, como el tráfico de esclavos, las disputas legales y la atención pastoral.
Las Confesiones plantean dificultades especiales. Fueron escritas diez años o más después de los hechos que describen, por un obispo con propósitos pastorales y teológicos. El estudioso francés Pierre Courcelle sostuvo en 1950 que la escena del jardín está moldeada por convenciones literarias y simbólicas, y que la conversión de Agustín en 386 fue en parte una conversión al neoplatonismo. Su afirmación provocó un amplio debate. Hoy, la mayoría de los especialistas considera que las Confesiones no son ni simple historia ni mera ficción, sino una interpretación teológica cuidadosamente elaborada de experiencias reales.
La biografía de Peter Brown, Augustine of Hippo (1967; revisada en 2000), situó a Agustín en el mundo social del África romana tardía y sigue siendo una obra de referencia. En la edición revisada, Brown reconsideró algunos de sus juicios anteriores a la luz de las cartas descubiertas por Divjak y los sermones hallados por Dolbeau. Es un buen ejemplo de cómo las nuevas pruebas cambian la interpretación histórica.
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Debates académicos: continuidad, coacción y gracia
¿Continuidad o cambio? Los especialistas debaten si el pensamiento de Agustín se desarrolló de manera gradual o atravesó grandes cambios. Una opinión frecuente sostiene que, en la década de 390 y especialmente en sus respuestas A Simpliciano (c. 396), su comprensión de la gracia cambió de forma decisiva y pasó a destacar mucho más la iniciativa de Dios. Algunos consideran que este fue el giro principal de su pensamiento, incluso más que su conversión de 386.
Filosofía y teología. Los historiadores de la filosofía se preguntan hasta qué punto Agustín fue platónico. Está claro que se inspiró en Plotino y Porfirio, pero también los criticó, sobre todo por su orgullo y por rechazar la encarnación. Sigue debatiéndose si la relación debe describirse como síntesis, transformación o crítica.
Coacción. El apoyo que Agustín acabó dando a las medidas imperiales contra los donatistas se basaba en su interpretación de la parábola en la que se obliga a los invitados a entrar (Lucas 14:23). Más tarde se citó esa postura para justificar persecuciones. Los historiadores debaten si debe juzgársele según los criterios de su época, cuando el Estado solía imponer la uniformidad religiosa, o atribuirle responsabilidad por ideas que otros utilizaron con consecuencias terribles.
Pecado original, sexualidad y predestinación. Las opiniones de Agustín sobre la transmisión del pecado original, el deseo sexual como señal de una voluntad desordenada y la predestinación han recibido críticas desde su propia época, por parte de Juliano de Eclana y los monjes del sur de la Galia. Hoy siguen debatiéndolas teólogos, historiadores y especialistas feministas. Otros sostienen que su pensamiento es más rico y matizado de lo que sugieren esas críticas. Estos debates muestran que Agustín sigue presente en las conversaciones sobre la naturaleza humana.
Ideas clave
- El corazón inquieto
- Los seres humanos están hechos para Dios, y solo en él puede satisfacerse su anhelo más profundo.
- El mal como privación
- El mal no es una sustancia, sino la ausencia o corrupción del bien; el mal moral surge cuando la voluntad se aparta del bien superior.
- La gracia
- Es el don gratuito de Dios que sana y mueve la voluntad humana; Agustín sostenía que, sin ella, las personas no pueden amar verdaderamente el bien.
- El pecado original
- Es la idea de que toda la humanidad hereda una naturaleza herida y una culpa por la caída de Adán; es fundamental en la teología cristiana occidental.
- El tiempo como distensión del alma
- El pasado y el futuro existen en la mente como memoria y expectativa; el tiempo es una distensión del alma.
- Las dos ciudades
- La humanidad se divide según lo que ama: el amor a uno mismo construye la ciudad terrena, y el amor a Dios, la ciudad celestial.
- El amor ordenado
- La virtud consiste en amar cada cosa como merece; el pecado es amor desordenado.
- La interioridad
- La verdad se encuentra volviéndose hacia el interior de la mente y, después, elevándose hacia Dios; esta vía influyó en las ideas occidentales sobre el yo.
Registros
- 354 d. C. — Nace el 13 de noviembre en Tagaste, Numidia.
- c. 373 d. C. — Lee el Hortensio de Cicerón y se une a los maniqueos.
- 384 d. C. — Se convierte en profesor oficial de retórica en Milán y escucha los sermones de Ambrosio.
- 386 d. C. — Se convierte en el jardín de Milán y se retira a Casiciaco.
- 387 d. C. — Ambrosio lo bautiza en Pascua; su madre Mónica muere en Ostia.
- 391 d. C. — Es ordenado sacerdote en Hipona.
- c. 395 d. C. — Se convierte en obispo de Hipona (en 395 o 396).
- c. 397 d. C. — Comienza a escribir las Confesiones.
- 410 d. C. — Los visigodos saquean Roma; llegan a África refugiados y debates sobre lo ocurrido.
- 411 d. C. — Se celebra la conferencia de Cartago contra los donatistas y comienza la controversia pelagiana.
- c. 426 d. C. — Termina La ciudad de Dios y poco después escribe las Retractaciones.
- 430 d. C. — Muere el 28 de agosto durante el asedio vándalo de Hipona.
Glosario
- Retórica
- Arte de hablar y escribir de manera persuasiva; era el centro de la enseñanza superior en el mundo romano.
- Maniqueísmo
- Religión fundada por el profeta Mani en el siglo III que enseñaba que existe una lucha cósmica entre la Luz y las Tinieblas.
- Neoplatonismo
- Filosofía de la Antigüedad tardía, desarrollada por Plotino, que describía la realidad como procedente de un Uno supremo.
- Catecúmeno
- Persona que recibe instrucción para prepararse para el bautismo cristiano.
- Donatismo
- Movimiento cristiano del norte de África que sostenía que los sacramentos administrados por clérigos indignos no eran válidos.
- Pelagianismo
- Enseñanza asociada a Pelagio según la cual las personas pueden obedecer a Dios sin la ayuda especial de la gracia.
- Gracia
- En la teología cristiana, ayuda gratuita e inmerecida que Dios da a los seres humanos.
- Pecado original
- Doctrina según la cual la humanidad hereda una condición caída a causa del primer pecado de Adán.
- Predestinación
- Doctrina según la cual Dios ha elegido desde la eternidad a quienes serán salvados.
- Doctor de la Iglesia
- Título que la Iglesia católica concede a santos cuyas enseñanzas son especialmente importantes.
Preguntas y respuestas
¿Era africano Agustín?
Sí. Nació y pasó la mayor parte de su vida en el norte de África romano, en territorios de las actuales Argelia y Túnez, y escribió en latín. Su familia quizá tenía raíces bereberes, pero no se sabe con certeza.
¿Por qué robó peras?
En las Confesiones cuenta que él y sus amigos robaron peras porque les emocionaba hacer algo prohibido, no porque tuvieran hambre. Usó ese recuerdo para explorar por qué las personas eligen hacer el mal.
¿Oyó de verdad «toma y lee»?
Así lo cuenta en las Confesiones, escritas unos diez años después. Algunos especialistas destacan la forma literaria y simbólica de la escena; la mayoría cree que describe una experiencia real interpretada desde la teología.
¿Por qué escribió La ciudad de Dios?
Después de que los godos saquearan Roma en 410, algunas personas culparon al cristianismo. Agustín respondió explicando que ninguna ciudad terrenal es eterna y que dos formas de amor dan forma a la historia.
¿Qué dijo sobre el tiempo?
Que sabe qué es el tiempo hasta que alguien se lo pregunta, y que el pasado y el futuro existen en la mente como memoria y expectativa.
¿Por qué suscita controversias?
Sus enseñanzas sobre el pecado original, la predestinación y el uso de la presión del Estado contra los donatistas han sido criticadas desde su época hasta hoy, aunque su influencia sigue siendo enorme.
¿Cómo influyó en la filosofía?
Mediante sus argumentos sobre la certeza, el tiempo, la voluntad, la memoria y la experiencia interior, que influyeron en pensadores medievales, Descartes, Wittgenstein, Arendt y la fenomenología.
Fuentes y lecturas recomendadas
- Saint Augustine. Stanford Encyclopedia of Philosophy
- Augustine (354–430 C.E.). Internet Encyclopedia of Philosophy
- Augustine of Hippo. Wikipedia
- Confessions (Augustine). Wikipedia
- The City of God. Wikipedia
- Donatism. Wikipedia
- Pelagianism. Wikipedia
- Sack of Rome (410). Wikipedia
- 아우구스티누스. 위키백과
- Peter Brown, Augustine of Hippo: A Biography. Faber and Faber / University of California Press, 1967 (rev. 2000)
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- Tomás de AquinoTeólogo y filósofo dominico cuyos escritos ocuparon un lugar central en el pensamiento cristiano medieval.
- René DescartesFilósofo y matemático francés cuyo método de duda sistemática ocupó un lugar central en la filosofía moderna temprana.
- VirgilioPoeta romano cuya Eneida se convirtió en una de las obras más influyentes de la literatura latina.
Redactado con ayuda de IA a partir de las fuentes publicadas arriba y revisado a medida que surgen nuevas investigaciones.
