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Para jóvenes lectores
Hace más de 230 años, Francia tenía un rey llamado Luis XVI. El rey podía tomar casi todas las decisiones y la mayoría de las personas no podía opinar. En el verano de 1789, el pan costaba mucho, mucha gente tenía hambre y el país se había quedado sin dinero.
En París había un viejo castillo de piedra llamado la Bastilla. Tenía ocho torres altas y redondas y muros gruesos. El rey lo usaba como prisión. Una persona podía acabar encerrada allí sin juicio, solo porque el rey firmaba una orden. Por eso, muchos parisinos veían la Bastilla como un símbolo de lo que les parecía injusto.
En julio de 1789, la gente oyó que el rey enviaba soldados a París. Temía que atacaran la ciudad y salió a buscar armas. El 14 de julio, una gran multitud fue a la Bastilla, donde se guardaba pólvora. Tras varias horas de lucha, llegaron con cañones unos soldados que se habían unido al pueblo. Entonces la fortaleza se rindió.
Dentro solo había siete presos. Aun así, la victoria fue muy importante para la gente. Mostró que las personas comunes podían enfrentarse al rey. Poco después, unos trabajadores derribaron toda la fortaleza, piedra a piedra.
Hoy, el 14 de julio es la fiesta nacional de Francia. Allí la llaman «le 14 juillet» («el 14 de julio»). En otros países también se conoce como el Día de la Bastilla. Hay desfiles, música y fuegos artificiales.
De un vistazo
- Fecha
- Martes 14 de julio de 1789 (los combates duraron desde finales de la mañana hasta alrededor de las 17:30)
- Lugar
- La Bastilla de Saint-Antoine, en el extremo oriental del antiguo París (hoy, plaza de la Bastilla), Francia
- Bandos
- Una multitud de parisinos armados, muchos del Faubourg Saint-Antoine, a la que se unieron guardias franceses amotinados; frente a una pequeña guarnición de soldados veteranos inválidos y soldados suizos bajo el mando del gobernador Bernard-René Jourdan de Launay
- Víctimas
- Unos 98 atacantes murieron en el combate o a causa de sus heridas y unos 73 resultaron heridos; entre los defensores, uno murió durante los combates y varios fueron asesinados después de la rendición, incluido de Launay
- Presos liberados
- Siete: cuatro falsificadores, dos hombres recluidos por enfermedad mental y un aristócrata encerrado a petición de su familia
- Resultado
- El rey retiró sus tropas y aceptó el nuevo gobierno municipal y la Guardia Nacional en París; la demolición de la fortaleza comenzó en 1789
- Conmemoración
- Fiesta de la Federación el 14 de julio de 1790; una ley de 1880 declaró el 14 de julio fiesta nacional de Francia
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¿Qué ocurrió el 14 de julio de 1789?
La mañana del 14 de julio de 1789, miles de parisinos se reunieron frente a la Bastilla, una fortaleza medieval situada en el este de París. La mayoría no pretendía liberar a los presos: quería pólvora y municiones. El día anterior, los habitantes de la ciudad habían conseguido decenas de miles de mosquetes en otro edificio real, pero esas armas no servían sin pólvora. Se había trasladado una gran reserva de pólvora a la Bastilla para guardarla allí.
Representantes de la multitud entraron para negociar con el gobernador, el marqués de Launay. Mientras las conversaciones se prolongaban, algunos atacantes subieron al tejado de un puesto de guardia y cortaron las cadenas del puente levadizo exterior. El puente cayó, la multitud irrumpió en el patio exterior y los defensores abrieron fuego. Ambos bandos intercambiaron disparos durante varias horas. Murieron muchos atacantes, mientras que los defensores, protegidos por los gruesos muros, apenas sufrieron bajas.
El momento decisivo llegó por la tarde. Varias compañías de los Guardias Franceses, soldados que debían proteger al rey pero se habían unido al pueblo, llegaron con cañones y los apuntaron hacia la puerta principal. De Launay, que contaba con una guarnición pequeña y tenía pocos alimentos y poca agua, aceptó rendirse. La puerta se abrió hacia las cinco y media, y la multitud tomó la fortaleza.
La victoria terminó en violencia. De Launay fue arrastrado por las calles hacia el ayuntamiento y asesinado; le cortaron la cabeza y la llevaron clavada en una pica. También murieron algunos defensores. Más tarde, ese mismo día, se exhibió la cabeza de Jacques de Flesselles, el principal funcionario municipal, acusado de traicionar al pueblo. Estas muertes ya conmocionaron a algunos observadores de la época y siguen formando parte de la historia de aquel día.
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¿Qué era la Bastilla?
La Bastilla se construyó en las décadas de 1370 y 1380, durante la guerra de los Cien Años, bajo el reinado de Carlos V. Protegía la puerta de Saint-Antoine, en el lado oriental de París. Tenía ocho torres redondas de unos 24 metros de altura, unidas por gruesos muros y rodeadas por un foso. A medida que la ciudad creció a su alrededor, perdió su función militar.
Desde el siglo XVII, especialmente bajo el cardenal Richelieu, la Bastilla se convirtió en una prisión de Estado. Algunas personas eran enviadas allí mediante una lettre de cachet, una orden sellada y firmada por el rey que permitía encarcelarlas sin juicio. Entre los presos había escritores acusados de atacar al gobierno, disidentes religiosos, personas implicadas en escándalos de la corte y, a veces, jóvenes nobles encerrados a petición de sus propias familias. El escritor Voltaire estuvo preso allí dos veces en su juventud, y el misterioso prisionero conocido como el Hombre de la Máscara de Hierro murió allí en 1703.
La vida en su interior solía ser menos terrible de lo que decía la leyenda. Los historiadores que han estudiado los registros de la prisión muestran que, durante el reinado de Luis XVI, había pocos presos, las estancias solían ser breves y los más ricos podían llevar muebles y libros. Pero el secreto era fundamental: nadie fuera sabía quién estaba dentro ni por qué. Ese secretismo convirtió la Bastilla en un símbolo del poder arbitrario. Para 1789, la Corona incluso había considerado derribarla y, cuando fue tomada, solo albergaba a siete presos.
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¿Por qué estaban tan enfadados y asustados los parisinos?
Francia atravesaba una grave crisis en 1789. El gobierno estaba casi en bancarrota, en parte por los enormes gastos de las guerras, entre ellas la guerra de Independencia de Estados Unidos, en la que había apoyado a los insurgentes. El sistema de impuestos era injusto: el clero y gran parte de la nobleza pagaban mucho menos que la gente común. Una mala cosecha en 1788 y un invierno riguroso hicieron que el precio del pan, el alimento principal de los pobres, alcanzara su nivel más alto en décadas.
Para buscar una salida, Luis XVI convocó los Estados Generales, una antigua asamblea de los tres «estamentos» —clero, nobleza y el resto de la población—. Se reunieron en Versalles en mayo de 1789 por primera vez desde 1614. En junio, los diputados del tercer estado se declararon Asamblea Nacional y, el 20 de junio, hicieron el Juramento del Juego de Pelota: prometieron no separarse hasta que Francia tuviera una constitución.
El rey pareció ceder, pero al mismo tiempo unos 20.000 soldados reales o más, muchos de ellos pertenecientes a regimientos extranjeros al servicio de Francia, se concentraban en la región de París y Versalles. Luego, el 11 de julio, Luis destituyó a su popular ministro de Hacienda, Jacques Necker. Cuando la noticia llegó a París el 12 de julio, muchas personas concluyeron que el rey se preparaba para disolver la Asamblea por la fuerza y someter a París.
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Los tres días que condujeron a la toma (12–14 de julio)
El domingo 12 de julio, multitudes se reunieron en los jardines del Palais-Royal, donde oradores como el joven periodista Camille Desmoulins instaron a los parisinos a tomar las armas. Por las calles se llevaron bustos de Necker. En los jardines de las Tullerías, la caballería real bajo el mando del príncipe de Lambesc se enfrentó a la multitud, y algunos guardias franceses combatieron contra las tropas reales. Durante la noche se incendiaron muchos puestos de aduanas del muro que rodeaba París. Eran muy odiados porque cobraban impuestos a las mercancías que entraban en la ciudad.
El 13 de julio, los electores de París —los hombres que habían elegido a los diputados de la ciudad para los Estados Generales— formaron un comité permanente en el Hôtel de Ville, el ayuntamiento, y crearon una milicia ciudadana para restablecer el orden y defender la ciudad. El monasterio de Saint-Lazare fue saqueado en busca de grano. Todo el mundo buscaba armas.
La mañana del 14 de julio, una enorme multitud acudió al Hôtel des Invalides, el hospital militar, y se llevó unos 30.000 mosquetes y algunos cañones. El comandante real en París, el barón de Besenval, cuyas tropas estaban acampadas cerca, en el Campo de Marte, no intervino: dudaba que sus soldados obedecieran la orden de disparar contra el pueblo. Tras encontrar mosquetes, pero no pólvora, la multitud se dirigió a la Bastilla.
En la Bastilla, de Launay mandaba a unos 80 inválidos —soldados veteranos que ya no podían prestar servicio en campaña— y a unos 30 granaderos suizos enviados como refuerzo. Durante la mañana recibió a delegaciones del comité de la ciudad. Los relatos difieren sobre quién disparó primero después de que cayera el puente levadizo, y se difundió rápidamente la creencia de que los defensores habían atraído deliberadamente a la multitud a una trampa. La llegada con cañones de los Guardias Franceses, dirigidos por hombres como Pierre-Augustin Hulin y Jacob Élie, decidió el resultado. Según se cuenta, de Launay amenazó con hacer estallar el depósito de pólvora antes de que sus hombres lo convencieran de capitular.
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¿Quiénes fueron los atacantes?
Quienes tomaron la Bastilla no eran una multitud reunida al azar. Después de los hechos, la ciudad elaboró listas de los «vainqueurs de la Bastille» («vencedores de la Bastilla»), que recibieron honores de la Asamblea Nacional. El historiador George Rudé analizó esas listas en The Crowd in the French Revolution (1959). Encontró que la mayoría eran trabajadores del barrio: artesanos cualificados y oficiales de oficios como carpinteros, ebanistas, cerrajeros y zapateros. Muchos procedían del Faubourg Saint-Antoine, un barrio de talleres de muebles situado junto a la fortaleza. También había tenderos, algunos soldados y un pequeño número de ciudadanos acomodados.
El trabajo de Rudé fue importante porque autores anteriores, tanto enemigos como admiradores de la Revolución, habían descrito a la multitud mediante estereotipos: unos la presentaban como un conjunto de delincuentes y vagabundos, y otros como el heroico «Pueblo» en abstracto. Los historiadores sociales intentaron averiguar quiénes eran realmente los participantes, qué querían y por qué actuaron. Su respuesta destacó preocupaciones cercanas y prácticas: el precio del pan, el miedo a las tropas y la defensa del barrio, unidas al nuevo lenguaje político de la nación y sus derechos.
Las mujeres tuvieron un papel menor en los combates del 14 de julio que en otras jornadas revolucionarias posteriores, como la marcha a Versalles de octubre de 1789. Sin embargo, participaron en las multitudes, transmitieron noticias y ayudaron a atender a los heridos.
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Consecuencias inmediatas: el rey cede
Desde el punto de vista militar, la Bastilla no era importante; desde el político, su caída fue decisiva. El rey comprendió que no podía contar con su ejército para recuperar París. El 15 de julio se presentó ante la Asamblea Nacional y anunció que retiraría las tropas. Según una conocida historia, cuando el duque de La Rochefoucauld-Liancourt le dio la noticia, Luis preguntó: «¿Es una revuelta?», y el duque respondió: «No, señor, es una revolución». La historia procede de relatos posteriores y quizá sus palabras exactas no sean fiables, pero refleja la rapidez con la que los contemporáneos comprendieron el cambio.
París tenía ahora un nuevo gobierno. El astrónomo Jean-Sylvain Bailly se convirtió en alcalde, y el marqués de Lafayette, héroe de la guerra de Independencia de Estados Unidos, asumió el mando de la nueva Guardia Nacional. Necker fue llamado de nuevo al gobierno. El 17 de julio, el rey visitó París y aceptó una escarapela con los colores de la ciudad, rojo y azul; más tarde se añadió el blanco de la monarquía para formar la tricolor.
La noticia se extendió por Francia. En muchas ciudades, «revoluciones municipales» similares sustituyeron a las antiguas autoridades. En el campo, los rumores sobre conspiraciones aristocráticas y bandidos provocaron el pánico conocido como el Gran Miedo. Durante este periodo, campesinos atacaron casas señoriales y quemaron documentos sobre las cargas feudales. Para calmar el campo, la Asamblea abolió muchos privilegios feudales la noche del 4 de agosto de 1789 y, el 26 de agosto, aprobó la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano. Algunos hermanos del rey y destacados cortesanos abandonaron Francia: era el comienzo de la emigración de nobles.
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Su demolición y su transformación en símbolo
La demolición comenzó casi de inmediato. Un contratista de obras, Pierre-François Palloy, organizó el trabajo de cientos de obreros y, en pocos meses, la fortaleza había desaparecido en gran parte. Palloy también sabía promocionar su obra. Hizo tallar sus piedras para crear pequeñas maquetas de la Bastilla y las envió a los departamentos de Francia. Además, vendió medallas, tinteros y otros recuerdos fabricados con sus piedras y su hierro. La fortaleza se convirtió así en una reliquia portátil de la libertad que podía exhibirse en casas y ayuntamientos.
Lafayette envió la llave principal de la Bastilla a George Washington en 1790 como muestra del vínculo entre las revoluciones estadounidense y francesa; todavía cuelga en Mount Vernon, Virginia. Folletos, grabados y obras de teatro describían esqueletos en mazmorras e instrumentos de tortura, muchos de ellos inventados o exagerados. También se reeditaron y leyeron ampliamente antiguas memorias carcelarias, como Mémoires sur la Bastille (1783), de Simon-Nicolas-Henri Linguet, y los relatos de Latude, famoso por su fuga.
El 14 de julio de 1790, primer aniversario de la toma, la Fiesta de la Federación reunió en el Campo de Marte de París a guardias nacionales llegados de toda Francia para prestar un juramento de unidad en presencia del rey. Casi un siglo después, la Tercera República eligió el 14 de julio como fiesta nacional mediante una ley de 1880. La elección dejaba abiertas dos interpretaciones: los republicanos podían celebrar la toma de 1789, mientras que los moderados podían recordar la fiesta pacífica de unidad nacional de 1790.
El lugar pasó a ser la plaza de la Bastilla. En su centro se alza la Columna de Julio, que en realidad conmemora otra revolución: la de julio de 1830. Unas líneas de adoquines señalan parte del contorno de la antigua fortaleza, y algunos cimientos quedaron al descubierto durante la construcción del metro de París. La Ópera de la Bastilla abrió cerca de allí en 1989, año del bicentenario de la Revolución.
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Cómo reaccionó el mundo
Fuera de Francia, la noticia provocó tanto entusiasmo como alarma. En Gran Bretaña, el político whig Charles James Fox escribió que era el mayor y mejor acontecimiento ocurrido jamás en el mundo. En cambio, Edmund Burke advirtió en Reflections on the Revolution in France (1790) que el ataque de la Revolución contra la tradición conduciría al desorden y la tiranía. Thomas Paine respondió a Burke con Rights of Man (1791), y aquel debate contribuyó a dar forma al pensamiento liberal y conservador moderno.
En los estados alemanes, escritores como Klopstock acogieron inicialmente con entusiasmo la Revolución, y se cuenta que los jóvenes filósofos Hegel y Schelling la celebraron cuando eran estudiantes en Tubinga. Muchos de aquellos primeros simpatizantes se desilusionaron durante el Terror de 1793–1794. En América, la noticia alimentó debates sobre los derechos que llegaron hasta la colonia francesa de Saint-Domingue. Allí, las personas libres de color y, desde 1791, las personas esclavizadas reclamaron para sí las promesas de la Revolución.
Para revolucionarios posteriores de todo el mundo, desde la Europa de 1830 y 1848 hasta los movimientos anticoloniales del siglo XX, «tomar la Bastilla» se convirtió en una metáfora habitual del derrocamiento de un orden injusto. Al mismo tiempo, las corrientes conservadoras han recordado el 14 de julio principalmente por la violencia que vino después, y la fecha siempre ha sido objeto de debate.
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Las pruebas y la creación de un mito fundacional
Los acontecimientos del 14 de julio se conocen gracias a un conjunto de fuentes excepcionalmente abundante: las actas de los electores de París reunidos en el Hôtel de Ville, informes de funcionarios reales y oficiales del ejército, declaraciones posteriores de participantes que buscaban ser reconocidos como vencedores, los archivos conservados de la propia Bastilla, periódicos y numerosas memorias. Los archivos de la Bastilla, dispersados por la multitud, se recuperaron en parte y hoy se conservan mayoritariamente en la Biblioteca del Arsenal de París. Buena parte de estos documentos se elaboró después de los hechos y con un propósito: los participantes querían recompensas, los defensores querían limpiar sus nombres y los periodistas querían influir en la opinión pública. Por ello, siguen siendo inciertos detalles como quién disparó primero, si de Launay pensaba disparar contra los negociadores y cuántas personas había allí.
Jacques Godechot reconstruyó la jornada con detalle en La prise de la Bastille (1965) y la situó dentro de la crisis general de 1789. Simon Schama ofreció en Citizens (1989), publicado con motivo del bicentenario, una narración vívida que subrayaba la violencia de la multitud desde el comienzo. Su enfoque reflejaba una tendencia más amplia a dejar de explicar la Revolución principalmente mediante el conflicto de clases.
Hans-Jürgen Lüsebrink y Rolf Reichardt estudiaron en The Bastille: A History of a Symbol of Despotism and Freedom (traducción inglesa de 1997) la fortaleza como edificio y como imagen. Mostraron cómo, mucho antes de 1789, las memorias de antiguos presos y los folletos habían convertido la Bastilla en un símbolo concentrado del «despotismo». Por eso, su toma pudo interpretarse de inmediato como la caída del propio despotismo. Después de 1789, grabados, canciones, obras de teatro y objetos repitieron y difundieron ese significado. Desde esta perspectiva, la fuerza simbólica del acontecimiento fue el resultado de décadas de comunicación política.
Estos estudios no restan importancia al acontecimiento. Ayudan a explicar por qué un episodio de escasa relevancia militar se convirtió en una fecha fundacional de la Francia moderna. Los historiadores siguen debatiendo hasta qué punto la multitud actuó espontáneamente y hasta qué punto fue guiada por los electores y otros grupos organizados. También discuten cómo valorar la toma como victoria de la soberanía popular teniendo en cuenta la violencia que la acompañó.
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Interpretaciones: revolución de clases, cultura política y memoria
Durante gran parte del siglo XX predominó una interpretación asociada a historiadores como Georges Lefebvre y Albert Soboul. Según ella, 1789 fue una «revolución burguesa» en la que la clase media ascendente, apoyada por trabajadores urbanos y campesinos, derrocó el orden feudal. Desde esta perspectiva, el 14 de julio fue el momento en que las clases populares de París entraron en la Revolución y salvaron a la Asamblea Nacional de la represión real.
A partir de la década de 1950, historiadores «revisionistas», en particular Alfred Cobban y después François Furet, cuestionaron esa interpretación social. Sostuvieron que la dinámica de la Revolución se explicaba mejor por la política, las ideas y el nuevo lenguaje de la soberanía popular que por intereses de clase claramente definidos. Para Furet, la lógica revolucionaria que condujo al Terror estaba presente desde el principio. Sus críticos respondieron que este enfoque daba demasiado poco peso a las presiones reales de la guerra, la contrarrevolución y el hambre.
Desde la década de 1980, los estudios sobre cultura política y memoria, entre ellos el proyecto colectivo Les Lieux de mémoire, dirigido por Pierre Nora, han examinado cómo se reinterpretó el 14 de julio en cada época: primero como fiesta revolucionaria, luego como fecha cuya celebración fue suprimida durante la Restauración, más tarde recuperada por la Tercera República y convertida en ocasión para un desfile militar, y finalmente reinterpretada en el bicentenario de 1989. Las distintas corrientes políticas francesas aún la recuerdan de manera diferente. Fuera de Francia, a veces se considera sobre todo una celebración de la libertad y otras veces, el comienzo de la violencia revolucionaria. Conocer estas perspectivas también ayuda a comprender el acontecimiento.
Ideas clave
- Poder arbitrario
- Poder ejercido sin el límite de leyes fijas o tribunales. La lettre de cachet, que permitía encarcelar a alguien sin juicio, convirtió la Bastilla en símbolo de este tipo de poder.
- Soberanía popular
- Idea de que la autoridad política procede del pueblo o de la nación, y no de un rey por nacimiento o derecho divino. La toma se celebró como una acción del pueblo basada en este principio.
- Acción popular
- Intervención directa de la gente común en las calles. El 14 de julio protegió a la Asamblea Nacional de una temida represión real y cambió el equilibrio de poder.
- Violencia revolucionaria
- El asesinato de de Launay y de otras personas tras la rendición planteó, desde los primeros días, la cuestión de cómo afrontan las revoluciones la violencia y la venganza.
- Símbolo político
- Edificio o acontecimiento que representa una idea más amplia. La importancia de la Bastilla era más simbólica que militar: su caída podía interpretarse como la caída del despotismo.
- Memoria colectiva
- Forma en que una sociedad recuerda su pasado. El significado del 14 de julio ha cambiado con las fiestas, las leyes y los debates posteriores, desde 1790 hasta 1880 y 1989.
Registros
- c. 1370 — Comienza la construcción de la Bastilla bajo Carlos V para defender la puerta oriental de París.
- 1703 — Muere en la Bastilla el preso cuya identidad se desconoce, conocido como el Hombre de la Máscara de Hierro.
- 1783 — Linguet publica Mémoires sur la Bastille, una crítica de la prisión muy leída.
- 1789 — 5 de mayo: se inauguran los Estados Generales en Versalles. Del 17 al 20 de junio: se proclama la Asamblea Nacional y se presta el Juramento del Juego de Pelota.
- 1789 — Del 11 al 13 de julio: Necker es destituido; París se subleva, arden los puestos de aduanas y se forma una milicia ciudadana.
- 1789 — 14 de julio: se toman mosquetes en Los Inválidos y se asalta y toma la Bastilla; de Launay y Flesselles son asesinados.
- 1789 — Del 15 al 17 de julio: el rey retira sus tropas, Bailly se convierte en alcalde, Lafayette asume el mando de la Guardia Nacional y Luis visita París.
- 1789 — 4 de agosto: se abolen los privilegios feudales; 26 de agosto: se aprueba la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano.
- 1790 — 14 de julio: la Fiesta de la Federación celebra el primer aniversario; Lafayette envía la llave de la Bastilla a George Washington.
- 1840 — Se inaugura en la plaza de la Bastilla la Columna de Julio, que conmemora la revolución de julio de 1830.
- 1880 — Una ley convierte el 14 de julio en la fiesta nacional de Francia.
- 1989 — Se celebra el bicentenario de la Revolución y se inaugura la Ópera de la Bastilla.
Glosario
- Bastilla
- Fortaleza medieval de París utilizada desde el siglo XVII como prisión de Estado del rey; fue demolida después del 14 de julio de 1789.
- Lettre de cachet
- Orden sellada y firmada por el rey para encarcelar o desterrar a una persona sin juicio.
- Estados Generales
- Asamblea que representaba al clero (primer estado), la nobleza (segundo estado) y el pueblo llano (tercer estado), convocada en 1789 por primera vez desde 1614.
- Asamblea Nacional
- Órgano formado en junio de 1789 por los diputados del tercer estado, a los que después se unieron otros, que afirmaba representar a toda la nación.
- Guardias Franceses (Gardes françaises)
- Regimiento de infantería de la casa real acuartelado en París; muchos de sus soldados se unieron a las multitudes en julio de 1789.
- Inválidos
- Soldados retirados o incapacitados; también puede referirse al Hôtel des Invalides, el hospital militar de París donde se tomaron mosquetes el 14 de julio.
- Faubourg Saint-Antoine
- Barrio de artesanos y trabajadores situado al este de la Bastilla, donde vivían muchos de los atacantes.
- Vainqueurs de la Bastille
- «Vencedores de la Bastilla»: personas reconocidas oficialmente después por haber participado en el ataque.
- Gran Miedo
- Oleada de rumores y pánico en el campo francés a finales de julio y comienzos de agosto de 1789 que provocó ataques contra casas señoriales.
- Fiesta de la Federación
- Fiesta nacional de unidad celebrada el 14 de julio de 1790 en el Campo de Marte de París.
Preguntas y respuestas
¿Liberaron a muchos presos?
No. Dentro solo había siete. La multitud quería principalmente la pólvora almacenada en la fortaleza. La liberación de los presos cobró importancia más tarde, en los relatos sobre aquel día.
¿Por qué se conoce el 14 de julio como Día de la Bastilla?
En Francia se llama sencillamente Fiesta Nacional o «le 14 juillet». El nombre «Día de la Bastilla», usado en otros países, procede de la toma de 1789, aunque la ley de 1880 también tuvo presente la fiesta de unidad de 1790.
¿Hubo víctimas?
Sí. Murieron alrededor de cien atacantes y muchos más resultaron heridos. Después de la rendición, la multitud mató al gobernador de Launay y a varios defensores.
¿Fue realmente la Bastilla un lugar de tortura?
No como contaban las leyendas. En la década de 1780 albergaba a pocos presos, y los más ricos vivían en condiciones bastante cómodas. Lo que provocaba rechazo era la posibilidad de encarcelar a alguien sin juicio y el secreto que rodeaba la prisión.
¿Comenzó la Revolución francesa con la toma de la Bastilla?
No exactamente. La revolución política ya había empezado en Versalles en mayo y junio de 1789. Pero el 14 de julio mostró que el pueblo de París podía defender por la fuerza a la nueva Asamblea y obligó al rey a ceder.
¿Qué fiabilidad tienen las cifras y los detalles del 14 de julio?
Las cifras de víctimas y presos son bastante fiables porque se registraron poco después. Sin embargo, muchos relatos fueron escritos por personas que buscaban recompensas o querían defenderse, así que todavía se discuten cuestiones como quién disparó primero.
¿Cómo han cambiado las interpretaciones de los historiadores?
Los historiadores marxistas vieron el acontecimiento como la entrada de las clases populares en una revolución burguesa; los revisionistas destacaron la política y las ideas; los estudios más recientes examinan cómo la Bastilla se convirtió en símbolo y cómo se ha recordado el 14 de julio.
Fuentes y lecturas recomendadas
- Storming of the Bastille. Wikipedia
- Bastille. Wikipedia
- 바스티유 습격. 위키백과
- Declaration of the Rights of Man and of the Citizen. Wikipedia
- Bastille Day. Wikipedia
- Jacques Godechot, La prise de la Bastille, 14 juillet 1789. Gallimard, 1965
- George Rudé, The Crowd in the French Revolution. Clarendon Press, 1959
- Simon Schama, Citizens: A Chronicle of the French Revolution. Alfred A. Knopf, 1989
- Hans-Jürgen Lüsebrink and Rolf Reichardt, The Bastille: A History of a Symbol of Despotism and Freedom. Duke University Press, 1997
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