Literatura

Sor Juana Inés de la Cruz

Sor Juana Inés de la Cruz (nacida Juana Inés de Asuaje/Asbaje y Ramírez de Santillana)

c. 1648–1695 · Ciudad de México, virreinato de la Nueva España

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En una frase

Sor Juana Inés de la Cruz fue una monja de la Ciudad de México del siglo XVII que llegó a ser una de las poetas más celebradas del mundo hispánico de su tiempo, escribió teatro y canciones en varias lenguas y defendió con un atrevimiento poco común el derecho de las mujeres a saber.

Sor Juana Inés de la Cruz
Imagen: Fray Miguel de Herrera · Public domain · Wikimedia Commons

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Para jóvenes lectores

Hace más de 350 años, en un pueblo entre dos volcanes de lo que hoy es México, vivía una niña llamada Juana Inés a la que le gustaban los libros más que nada en el mundo. Aprendió a leer hacia los tres años, colándose en las lecciones de su hermana mayor, y después, según contaría ella misma, leyó con avidez en la biblioteca de su abuelo.

En aquella época las niñas no podían ir a la universidad. Juana Inés llegó a rogarle a su madre que la vistiera de niño para poder estudiar en la gran ciudad. No lo consiguió, pero se hizo tan famosa por lista que la invitaron a vivir en el palacio del virrey, el representante del rey en México.

Hacia los veinte años se hizo monja. Para ella el convento era un lugar donde podía tener una celda llena de libros, mapas e instrumentos musicales y científicos, y tiempo para pensar y escribir. Escribió poemas, obras de teatro y canciones para las fiestas de la Iglesia; algunas con versos en náhuatl, la lengua de los mexicas, y otras con personajes que imitan el español de los africanos y sus descendientes en México, a veces con los estereotipos que usaba el teatro de entonces.

A algunos eclesiásticos poderosos les parecía que una monja no debía escribir tanto sobre cosas del mundo. Sor Juana les contestó con una carta larga en la que explicaba por qué las mujeres debían poder estudiar. Hoy se sigue leyendo como una de las primeras grandes defensas de la educación de las niñas.

Al final de su vida casi dejó de escribir y se desprendió de sus libros. Murió en 1695 cuidando a sus hermanas enfermas durante una epidemia. Hoy su rostro aparece en un billete mexicano y sus poemas se leen en todo el mundo.

De un vistazo

Quién
Poeta, dramaturga, erudita y monja jerónima del virreinato de la Nueva España
Nacimiento
San Miguel Nepantla, cerca de la Ciudad de México; 1648 (fe de bautismo) o 1651 (según su primer biógrafo, Diego Calleja)
Muerte
17 de abril de 1695, Ciudad de México, durante una epidemia
Dónde vivió
La corte virreinal desde hacia 1664 (salvo una breve estancia con las carmelitas en 1667) y después el convento de San Jerónimo de la Ciudad de México (1669-1695)
Obras principales
Primero sueño; las redondillas «Hombres necios»; sonetos; Los empeños de una casa; El divino Narciso y su loa; ciclos de villancicos; Respuesta a sor Filotea (1691)
Primera colección
Inundación castálida, impresa en Madrid en 1689 gracias a la condesa de Paredes (antes se habían impreso en México algunas obras sueltas)
Lenguas
Escribió sobre todo en español, con latín, náhuatl y habla afrohispana en algunas canciones
Memoria
Billetes mexicanos; el más reciente, el de 100 pesos emitido en 2020

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¿Quién fue sor Juana?

Sor Juana Inés de la Cruz fue una escritora y pensadora de la Nueva España, el virreinato español que abarcaba la mayor parte del México actual. «Sor» es el tratamiento que se da a las monjas: pasó la segunda mitad de su vida como religiosa en el convento de San Jerónimo de la Ciudad de México. Desde allí escribió poesía lírica, teatro, letras para las fiestas de la Iglesia, teología y cartas que la hicieron famosa a ambos lados del Atlántico.

Sus contemporáneos la llamaron la «Décima Musa», como si se sumara a las nueve musas de la mitología griega, y la portada de la primera colección de sus versos, impresa en Madrid en 1689, la presentaba como la «única poetisa». La crítica actual la cuenta entre los grandes poetas del Barroco hispánico, junto a autores peninsulares como Luis de Góngora y Pedro Calderón de la Barca, a quienes leyó con atención.

También se la recuerda por lo que defendió. En una larga carta de 1691, la Respuesta a sor Filotea, justificó su pasión de toda la vida por el estudio y reclamó para las mujeres el derecho a saber. Esa carta la ha convertido en figura fundacional del pensamiento feminista latinoamericano; las lecturas religiosas, por su parte, subrayan que sus argumentos son los de una monja católica entregada a la teología.

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Una niña que quería leerlo todo

Juana Inés nació en San Miguel Nepantla, un pueblo a unos 60 km al sureste de la Ciudad de México, a la sombra del Popocatépetl y el Iztaccíhuatl. Su madre, Isabel Ramírez de Santillana, era criolla, es decir, de ascendencia española y nacida en América; su padre, Pedro Manuel de Asuaje (también escrito Asbaje), era español. Sus padres no estaban casados, algo nada raro entonces, pero que limitaba sus perspectivas sociales.

Ni siquiera el año de su nacimiento es seguro. Su primer biógrafo, el jesuita Diego Calleja, escribió en 1700 que había nacido en noviembre de 1651. En 1952 se dio a conocer una fe de bautismo de la parroquia de Chimalhuacán, fechada en diciembre de 1648, de una niña llamada Inés, «hija de la Iglesia» (la fórmula habitual para los hijos de padres no casados). Muchos estudiosos, entre ellos Octavio Paz y Antonio Alatorre, identifican a esa niña con Juana Inés; otros siguen prefiriendo 1651. Como ninguna de las dos fechas puede probarse sin lugar a dudas, los trabajos cuidadosos escriben «1648 o 1651».

Pasó parte de su infancia en la hacienda de Panoayan, de su abuelo materno Pedro Ramírez, donde descubrió sus libros. Según su propio relato, aprendió a leer a los tres años colándose en las lecciones de su hermana, y dejó de comer queso porque había oído que «hacía rudos». Cuando supo que en México había universidad, le pidió a su madre que la vistiera de hombre para poder asistir. En lugar de eso, la mandaron a vivir con unos parientes en la capital, donde estudió latín con un maestro y aprendió mucho más por su cuenta.

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En la corte del virrey

Hacia 1664 la adolescente Juana Inés entró en la casa del nuevo virrey, el marqués de Mancera, como dama de compañía de la virreina, Leonor Carreto. El palacio virreinal era el centro de la vida cortesana de la Nueva España, lleno de música, teatro y versos escritos para cumpleaños, fiestas y funerales. La joven se hizo pronto célebre por sus poemas y su saber.

La anécdota más conocida de esos años procede de la biografía de Calleja. Para comprobar si su saber era auténtico, el virrey reunió a unos cuarenta letrados —teólogos, filósofos, matemáticos, historiadores y poetas— para que la examinaran. Según el relato que Calleja atribuye a Mancera, «a la manera que un galeón real […] se defendería de pocas chalupas que le embistieran, así se desembarazaba Juana Inés de las preguntas, argumentos y réplicas». La historia la contó décadas después un admirador, así que sus detalles pueden estar pulidos, pero muestra lo famosa que ya era.

Leonor Carreto fue su primera gran protectora. Sor Juana le dedicó poemas bajo el nombre poético de «Laura», tomado de la amada de Petrarca, entre ellos sonetos fúnebres escritos cuando la virreina murió en el camino a Veracruz, mientras los Mancera regresaban a España a comienzos de la década de 1670.

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Intermedio

¿Por qué el convento? San Jerónimo y su famosa celda

En 1667 Juana Inés ingresó en el convento de las carmelitas descalzas, una de las órdenes más rigurosas de la ciudad, pero salió a los tres meses. En 1669 profesó en el convento de San Jerónimo, una comunidad de monjas jerónimas de regla más suave, y allí se quedó el resto de su vida.

En la Respuesta explicó su elección con una franqueza asombrosa. El matrimonio no la atraía, y el convento era el estado más conveniente para asegurar su salvación, aunque temía renunciar a su deseo de «no querer tener ocupación obligatoria que embarazase la libertad de mi estudio». La vida en un gran convento colonial lo permitía en parte: las monjas podían tener celdas propias, criadas y recibir visitas en el locutorio.

Su celda se convirtió en una pequeña academia. Reunió una biblioteca considerable —los cálculos van de unos cientos a unos cuatro mil volúmenes— junto con instrumentos musicales y matemáticos. Desde detrás de la reja del convento mantuvo correspondencia con eruditos de México y de España y conservó estrechos lazos con la corte.

En 1680 recibió el encargo de idear el arco triunfal alegórico con que se recibió a los nuevos virreyes, el marqués de la Laguna y su esposa, María Luisa Manrique de Lara y Gonzaga, condesa de Paredes; explicó sus imágenes en una obra en prosa, el Neptuno alegórico. Desde entonces y hasta que la pareja volvió a España en 1688, la condesa fue su amiga más cercana y su protectora. A ella, llamada «Lysi» o «Filis», dirigió sor Juana algunos de sus poemas más apasionados, y fue ella quien llevó los manuscritos de la poeta a Madrid.

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Intermedio

La poesía: de los versos ingeniosos al Primero sueño

La mayoría de los poemas de sor Juana se escribieron por encargo o para una ocasión —un cumpleaños en la corte, un regalo, una muerte— y en las muchas formas métricas de la poesía barroca española. Dentro de esas convenciones forjó una voz propia. Su poema más conocido hoy es una serie de redondillas (estrofas de cuatro octosílabos) que empieza «Hombres necios que acusáis / a la mujer sin razón». Con una lógica rápida desnuda una doble moral: los hombres solicitan a las mujeres y luego las culpan tanto si ceden como si se resisten.

Sus sonetos van del amor y los celos a la reflexión sobre el tiempo y el engaño de las apariencias. En el soneto sobre su propio retrato, «Este que ves, engaño colorido», llama a la pintura lisonja engañosa y termina con el verso «es cadáver, es polvo, es sombra, es nada», eco evidente del final del soneto de Góngora «Mientras por competir con tu cabello», que acaba «en tierra, en humo, en polvo, en sombra, en nada». Sor Juana aplica el conocido aviso barroco contra la vanidad a su propia imagen pintada y rechaza los elogios que esta recibe; algunos lectores ven además en el poema un comentario sobre cómo se valora a las mujeres por su aspecto.

Su obra más ambiciosa es el Primero sueño, un poema filosófico de casi mil versos publicado en 1692. Está escrito en silva, una combinación libre de versos largos y cortos, y su título y su estilo denso rinden homenaje a las Soledades de Góngora. Comienza con la noche que se extiende sobre la tierra: «Piramidal, funesta, de la tierra / nacida sombra».

Mientras el cuerpo duerme, el alma intenta abarcar el universo entero de una sola mirada y fracasa, deslumbrada; luego intenta ascender paso a paso por las categorías del conocimiento y vuelve a fracasar, hasta que el amanecer despierta a la durmiente. Sor Juana dijo que era la única obra que había escrito por gusto propio, «un papelillo que llaman El Sueño». Los lectores han visto en él un drama escolástico, neoplatónico o incluso casi moderno, cartesiano, de la mente enfrentada a los límites de lo que puede conocer.

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Intermedio

Teatro y canciones para muchas voces

Sor Juana escribió casi tanto para la escena como para la lectura. Su comedia Los empeños de una casa, representada en 1683 durante unos festejos cortesanos, sigue las reglas de la comedia del Siglo de Oro, con identidades confundidas, amantes escondidos y una protagonista de ingenio agudo. Su gran modelo dramático fue Calderón.

El divino Narciso, compuesto a instancias de la condesa de Paredes e impreso en México hacia 1690, es un auto sacramental, una pieza alegórica en un acto que celebra la Eucaristía. En él, el mito griego de Narciso se convierte en imagen de Cristo, que se enamora de su propio reflejo en la Naturaleza Humana. Su loa es todavía más singular. Dos personajes, Occidente y América, vestidos como nobles mexicas, veneran con una danza al «Dios de las Semillas» hasta que los interrumpen la Religión y el Celo, figuras de la conquista española. En lugar de terminar en una simple sumisión, la loa discute mediante el diálogo y traza un paralelo entre el rito mexica de comer una imagen del dios y la comunión cristiana.

Sor Juana escribió además las letras de muchos villancicos, juegos de canciones sacras que se cantaban en los maitines de las grandes fiestas en las catedrales de México, Puebla y Oaxaca. Varios ciclos, a partir de 1676, dan voz a la gente de la ciudad colonial. En los villancicos de la Asunción de 1676 y en los de san Pedro Nolasco de 1677 incluyó un tocotín, danza cantada en náhuatl o en una mezcla de náhuatl y español, y canciones en el español de los africanos esclavizados y libres y de sus descendientes. El náhuatl se escribía con letras latinas desde el siglo XVI. Hasta qué punto lo dominaba sor Juana es materia de debate: Sara Poot Herrera destaca su sensibilidad para los matices expresivos de la lengua, mientras que la historiadora Camilla Townsend ha señalado errores gramaticales que sugieren que no la dominaba del todo.

Estas piezas se apoyaban en estereotipos habituales del teatro español, y los especialistas discuten hasta qué punto se limitaban a imitarlos. Estudios recientes sostienen que sor Juana usó también estas voces para decir cosas serias: un villancico a san Pedro Nolasco, patrono de los mercedarios que rescataban cautivos, juega con la esperanza de que donde entra Pedro nadie queda esclavo.

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Intermedio

1690-1691: una carta teológica y la respuesta a «sor Filotea»

El jesuita portugués António Vieira, uno de los predicadores más famosos de su época, que pasó buena parte de su vida en Brasil, había predicado un sermón sobre la mayor «fineza» de Cristo, la prueba suprema de su amor. Vieira presumía de poder mejorar las opiniones de san Agustín, santo Tomás de Aquino y san Juan Crisóstomo. La tradición sitúa el sermón en 1650, en la capilla real de Lisboa, aunque algunos estudiosos han puesto en duda esa fecha. Décadas después, a petición de alguien, sor Juana escribió una crítica minuciosa del sermón en la que defendía a los Padres de la Iglesia frente a Vieira y cerraba con una idea propia: la mayor fineza de Dios podrían ser los «beneficios negativos», los dones que nos niega porque sabe que los usaríamos mal.

En noviembre de 1690 el obispo de Puebla, Manuel Fernández de Santa Cruz, imprimió esa crítica sin consultarla, con el título de Carta atenagórica («digna de Atenea»). Le añadió un prólogo en forma de carta firmada por una monja inventada, «sor Filotea de la Cruz», que alababa su talento pero le aconsejaba emplearlo en los estudios sagrados y no en los profanos.

Sor Juana contestó el 1 de marzo de 1691 con la Respuesta a sor Filotea de la Cruz. Cortés y llena de humildad convencional, es también una aguda defensa de sí misma. Cuenta la historia de su vocación por el saber, insiste en que no estudia «para escribir, ni menos para enseñar», sino «sólo por ver si con estudiar ignoro menos», y enumera mujeres sabias de la Biblia, de la Antigüedad y de su propio tiempo. Sostiene que las ciencias profanas son necesarias para entender la teología, que las mujeres deberían aprender de ancianas doctas y que se puede pensar en cualquier parte, incluso en la cocina: «Si Aristóteles hubiera guisado, mucho más hubiera escrito».

La Respuesta no se imprimió en vida de la autora: apareció en 1700 en el volumen póstumo Fama y obras póstumas. Ya en una carta de hacia 1681 a su confesor, el jesuita Antonio Núñez de Miranda, que no salió a la luz hasta 1980, había preguntado por qué las mujeres no habían de estudiar: ¿acaso no tienen alma racional como los hombres?

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Intermedio

La renuncia y la muerte

Entre 1692 y 1694 la vida de sor Juana cambió de rumbo. Volvió a la dirección espiritual de Núñez de Miranda, de quien se había separado una década antes, y a comienzos de 1694 firmó una serie de documentos penitenciales en los que renovaba sus votos y hacía protesta de fe. Uno va firmado «yo, la peor de todas»; una fórmula parecida, «la peor del mundo», aparece en el libro de profesiones del convento. Algunos de estos textos los firmó con su propia sangre, gesto devoto propio de la época.

También se desprendió de su biblioteca y de sus instrumentos. El testamento de José de Lombeida, presbítero secular, capellán y viejo amigo suyo, localizado en el Archivo General de la Nación de México por Ken Ward, de la Universidad de Brown, y dado a conocer en 2011, consigna que ella le entregó libros para que los vendiese y que, tras la muerte de la monja, él siguió vendiéndolos por orden del arzobispo Francisco de Aguiar y Seijas y le entregó el dinero. Relatos tempranos como el de Calleja afirman que lo obtenido fue para los pobres. Su producción literaria parece haberse detenido casi por completo, aunque no del todo: unos enigmas que escribió para un círculo de monjas portuguesas, descubiertos en Lisboa en 1968, se reunieron en un libro manuscrito con aprobaciones fechadas en 1695, aunque se discute cuándo exactamente los compuso.

En 1695 una epidemia asoló la Ciudad de México y su convento. Sor Juana atendió a sus hermanas enfermas, se contagió y murió el 17 de abril de 1695. Su amigo Carlos de Sigüenza y Góngora, el principal erudito de la Nueva España, pronunció la oración fúnebre. Por qué guardó silencio en sus últimos años es la cuestión más debatida de su biografía (véase «Distintas perspectivas» más abajo).

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Intermedio

Mientras tanto en el mundo

Sor Juana nunca salió del valle de México, pero su obra pertenecía a un mundo literario que cruzaba el Atlántico. Leyó e imitó a poetas peninsulares: sobre todo a Góngora, cuyas Soledades dieron forma al Primero sueño, y a Calderón, cuyo teatro alegórico moldeó sus autos. Su crítica del sermón respondía a un jesuita portugués que había predicado en Lisboa y trabajado en Brasil, y se imprimió en Puebla. Ideas, libros y polémicas circulaban entre Madrid, Lisboa, América y Roma por las redes de la monarquía hispánica y de la Iglesia católica.

Su fama se hizo tanto en Europa como en México. Después de que la condesa de Paredes llevara sus manuscritos a España, aparecieron la Inundación castálida en Madrid en 1689, un Segundo volumen en Sevilla en 1692 y la póstuma Fama y obras póstumas en Madrid en 1700. Según un recuento, entre 1689 y 1725 esas tres colecciones sumaron unas veinte ediciones y emisiones en Madrid, Barcelona, Sevilla, Zaragoza, Valencia y Lisboa: un auténtico éxito editorial barroco escrito por una monja americana.

Formaba parte también de una red de mujeres doctas. En la Respuesta nombra entre las sabias de su tiempo a Cristina Alejandra, reina de Suecia, que había abdicado en 1654 y vivía en Roma como mecenas de eruditos, y a la duquesa de Aveiro, docta aristócrata portuguesa y prima de la condesa de Paredes. La condesa escribió a esa prima en 1682 que la monja de San Jerónimo era «rara mujer», y por medio del mismo círculo sor Juana envió sus enigmas a una «academia» literaria de monjas portuguesas.

Una comparación con otro imperio muestra cómo llegaban a la imprenta las escritoras coloniales. En 1650 se publicó en Londres, sin que ella lo supiera, un libro de poemas de Anne Bradstreet, colona puritana de Massachusetts, con el título The Tenth Muse Lately Sprung Up in America («La décima musa recién surgida en América»). Como la Inundación castálida, lo llevaron otros a la capital imperial y se vendió con la etiqueta de «décima musa» del Nuevo Mundo, señal de lo insólita —y lo vendible— que parecía a los lectores europeos una poeta docta de América.

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Intermedio

Olvidada, redescubierta, celebrada

A partir de las primeras décadas del siglo XVIII, cuando pasó el gusto por la poesía barroca, sor Juana se leyó mucho menos. El interés renació a finales del siglo XIX, y en el XX se convirtió en una figura central de la literatura mexicana. Alfonso Méndez Plancarte y Alberto G. Salceda publicaron sus Obras completas entre 1951 y 1957, edición que fue el texto de referencia durante décadas.

El poeta mexicano Octavio Paz, más tarde premio Nobel, publicó en 1982 Sor Juana Inés de la Cruz o las trampas de la fe. En un extenso ensayo que combina biografía, historia social y crítica literaria, la situó en la sociedad novohispana y sostuvo que un mundo eclesiástico hostil la obligó a callar. El libro la dio a conocer internacionalmente e inspiró la película de María Luisa Bemberg Yo, la peor de todas (1990).

Su imagen forma parte hoy de la vida pública de México. Apareció en el billete de 1000 pesos emitido en 1978 y después en sucesivos diseños del billete de 200 pesos desde los años noventa, hasta que en 2019 se emitió un nuevo billete de 200 pesos con otros personajes. Desde noviembre de 2020 figura en el billete rojo de polímero de 100 pesos, que según el Banco de México rinde homenaje a la poeta y escritora más importante de la literatura novohispana. Su antiguo convento alberga hoy la Universidad del Claustro de Sor Juana, y su pueblo natal se llama Nepantla de Sor Juana Inés de la Cruz.

Fuera de México se la lee como una gran poeta de la lengua española y, un siglo antes de la Vindicación de los derechos de la mujer (1792) de Mary Wollstonecraft, como una de las primeras autoras de América en defender por escrito la igualdad intelectual de las mujeres. Cada vez más filósofos la estudian como pensadora por derecho propio, sobre todo por el Primero sueño y la Respuesta.

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Avanzado

Distintas perspectivas

¿Por qué dejó de escribir? Una lectura muy influyente, desarrollada por Octavio Paz y respaldada por historiadores como Elías Trabulse, ve sus últimos años como fruto de la presión: un arzobispo misógino, Aguiar y Seijas; un confesor exigente; la partida de sus protectores de la corte, y una ciudad sacudida por inundaciones, escasez de alimentos y el motín de 1692, que reforzó el peso de la Iglesia. Desde esta perspectiva, los documentos penitenciales fueron una capitulación forzada. Una lectura católica más antigua, representada por Méndez Plancarte, interpreta los mismos hechos como una conversión espiritual sincera: una monja que decide entregarse por completo a Dios.

Los nuevos documentos han reavivado el debate sin zanjarlo. En 1995 Trabulse afirmó haber hallado pruebas de un proceso secreto contra ella, pero en 1999 reconoció que tales documentos no existían y que se había tratado de una conjetura. En 2010 Alejandro Soriano Vallès publicó cartas del obispo Fernández de Santa Cruz halladas en la Biblioteca Palafoxiana de Puebla por Jesús Joel Peña Espinosa, entre ellas una cálida respuesta de marzo de 1691 a la Respuesta y el extracto de una carta de 1692. Sostiene que desmienten la «leyenda negra» de la persecución y muestran que el obispo alentaba sus estudios. Críticos como José Pascual Buxó han discutido su interpretación, y algunos especialistas advierten contra la tentación de sustituir una leyenda por otra, la de una sor Juana «santa». No hay pruebas fiables de que la obligaran a quemar sus libros —los documentos conservados hablan más bien de ventas—, y se conservan escritos de sus últimos años, como los enigmas, aunque se discute hasta cuándo siguió escribiendo.

¿Feminista o religiosa? Desde los años ochenta se ha leído a sor Juana como pionera del feminismo, y los filósofos describen la Respuesta como una defensa de la igualdad racional entre mujeres y hombres. Otros estudiosos insisten en que sus argumentos se construyen desde dentro de la teología católica y del método escolástico: presenta el saber como camino para entender a Dios y se mira en san Jerónimo y santa Paula. Críticos anteriores la llamaron mística; algunos han visto racionalismo cartesiano en su obra, mientras que Gerard Flynn sostuvo que su método es escolástico. Muchos especialistas recientes no ven contradicción: su defensa del entendimiento femenino se formuló en el lenguaje teológico que tenía a su alcance.

¿Qué fueron para ella sus protectoras? La crítica ha discutido mucho cómo leer sus poemas a Leonor Carreto («Laura») y, sobre todo, a María Luisa («Lysi», «Filis»). Méndez Plancarte los consideró pura amistad expresada con convenciones neoplatónicas; Paz oyó en ellos la intensidad de una pasión auténtica; Antonio Alatorre concluyó que sor Juana estaba enamorada de María Luisa. Hoy algunos lectores los comentan como tempranos poemas de amor entre mujeres. Dos cartas autógrafas de la condesa halladas en la Universidad de Tulane y publicadas por Hortensia Calvo y Beatriz Colombi en 2015 confirman, por primera vez con palabras de la propia mecenas, cuánto apreciaba la compañía de la monja, aunque no pueden decirnos qué sentía cada una en su intimidad.

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Avanzado

Pruebas y método: leer una vida a través de sus documentos

Gran parte de lo que sabemos procede de unos pocos tipos de fuentes, cada una con su sesgo. La primera biografía, la de Diego Calleja, apareció en Fama y obras póstumas (1700); está escrita como un elogio piadoso y tiende a la hagiografía. La Respuesta es el relato de la propia sor Juana, pero es una pieza retórica cuidadosamente construida, llena de fórmulas de humildad, escrita para un lector poderoso. La imagen de la niña que dejaba de comer queso o que se cortaba el pelo para castigarse si no aprendía a tiempo es la que ella eligió dar de sí misma.

El archivo no deja de crecer, y casi todos los hallazgos han sido discutidos. Desde las Obras completas de 1951-1957 se han publicado los enigmas hallados en Lisboa (1968), la carta a Núñez de Miranda encontrada en Monterrey (1980), la llamada Carta de Serafina de Cristo (dada a conocer por Trabulse en 1996, de autoría discutida), versiones de su Protesta de fe, el Libro de profesiones del convento (2013) y las cartas del obispo (2010). La atribución es un problema recurrente: en 1990 se propuso como suyo un final anónimo de La segunda Celestina, comedia de Agustín de Salazar y Torres, sin que se llegara a un consenso.

Las ediciones impresas también son pruebas. Las tres colecciones de 1689, 1692 y 1700 las prepararon en España admiradores de la poeta, con prólogos, aprobaciones y epígrafes que orientan cómo debía leerse: como un prodigio, como un alma pura, como una maravilla americana. Los historiadores del libro estudian ahora quién las editó; un trabajo reciente sostiene que el responsable de la Inundación castálida fue Juan Camacho Gayna, miembro de la casa de los Paredes, y no el secretario Francisco de las Heras.

Por eso los relatos cuidadosos dejan abiertas ciertas cuestiones: el año de su nacimiento, las razones exactas por las que entró en el convento y luego se retiró dentro de él, la naturaleza de su relación con María Luisa y hasta qué punto su silencio fue impuesto o elegido. Lo que no está en duda es la magnitud de su obra y el hecho de que defendió en sus escritos, unos publicados en vida y otros después de su muerte, que la mente de una mujer merecía la misma libertad que la de un hombre.

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Ideas clave

El derecho de las mujeres a saber
En la Respuesta y en la carta a su confesor, sor Juana sostuvo que las mujeres tienen alma racional como los hombres y deben poder estudiar, idealmente con maestras ancianas y doctas.
El saber como camino hacia Dios
Afirmó que la lógica, la retórica, la física, la música y la historia son peldaños necesarios para entender la teología, «reina de las ciencias», de modo que el estudio profano no aparta de la fe.
Los límites del conocimiento
El Primero sueño dramatiza el intento de la mente de conocer el universo entero, primero de una sola intuición y luego paso a paso, y su fracaso, que es también una forma de heroísmo.
La doble moral
Las redondillas «Hombres necios» muestran con lógica apretada que los hombres culpan a las mujeres de la misma conducta que ellos provocan.
Un coro de voces
Sus villancicos y loas dan voz a hablantes de náhuatl, a africanos y sus descendientes, a estudiantes y sacristanes, reflejo de la sociedad mezclada de la Ciudad de México colonial.
La humildad como retórica
Sor Juana escribía a menudo con fórmulas de rebajamiento que también le servían de escudo y le permitían decir cosas audaces de forma aceptable.

Registros

  1. c. 1648 — Nace en San Miguel Nepantla; suele asociarse con ella una fe de bautismo de diciembre de 1648, mientras que su biógrafo Calleja da noviembre de 1651.
  2. c. 1664 — Entra en la corte virreinal como dama de la virreina Leonor Carreto, marquesa de Mancera.
  3. 1669 — Profesa en el convento jerónimo de San Jerónimo de la Ciudad de México, tras una breve estancia con las carmelitas descalzas en 1667.
  4. 1683 — Su comedia Los empeños de una casa se representa en unos festejos de la corte.
  5. 1689 — Se imprime en Madrid la Inundación castálida, su primera colección, gracias a la condesa de Paredes.
  6. 1690 — El obispo de Puebla imprime su crítica del sermón de Vieira como Carta atenagórica, con la carta de «sor Filotea».
  7. 1691 — Fecha la Respuesta a sor Filotea de la Cruz el 1 de marzo de 1691.
  8. 1692 — Se imprime en Sevilla el Segundo volumen de sus obras, que incluye el Primero sueño.
  9. 1694 — Firma documentos penitenciales en los que renueva sus votos; por estas fechas entrega sus libros para que se vendan.
  10. 1695 — Muere el 17 de abril durante una epidemia en la Ciudad de México.
  11. 1700 — Aparece en Madrid Fama y obras póstumas, con la biografía de Calleja y la Respuesta.
  12. 1982 — Octavio Paz publica Sor Juana Inés de la Cruz o las trampas de la fe.

Glosario

Nueva España
Virreinato español gobernado desde la Ciudad de México que abarcaba la mayor parte del México actual y regiones vecinas.
Virrey / virreina
Representante del rey que gobernaba un virreinato, y su esposa, que presidía la corte.
Criollo / criolla
Persona de ascendencia española nacida en América.
Jerónimas
Rama femenina de la orden de San Jerónimo; a ella pertenecía el convento de San Jerónimo de sor Juana.
Redondilla
Estrofa de cuatro versos octosílabos con rima abba.
Silva
Forma métrica libre que combina heptasílabos y endecasílabos con rima variable, usada por Góngora y en el Primero sueño.
Auto sacramental
Pieza teatral alegórica en un acto que celebra la Eucaristía, representada sobre todo en la fiesta del Corpus Christi.
Loa
Breve pieza dramática que servía de prólogo a una obra de teatro.
Villancico
Composición con estribillo y coplas, profana en su origen; en tiempos de sor Juana los villancicos sacros se escribían en juegos para las fiestas religiosas y se cantaban en maitines.
Tocotín
Danza cantada de origen nahua, que sor Juana escribió en náhuatl o en versos mezclados de náhuatl y español.

Preguntas y respuestas

¿Por qué se hizo monja sor Juana?

Según sus propias palabras, no quería casarse, y el convento era el camino más seguro hacia la salvación que aún le dejaba tiempo para estudiar. Eligió San Jerónimo después de encontrar demasiado estrictas a las carmelitas.

¿Nació en 1648 o en 1651?

No se sabe con certeza. Suele identificarse con ella una fe de bautismo de 1648, pero su primer biógrafo dio 1651, y algunos estudiosos siguen prefiriendo esa fecha.

¿De verdad escribió en náhuatl?

Sí. Algunos de sus villancicos y los tocotines incluidos en ellos están escritos en náhuatl o en una mezcla de náhuatl y español. Los especialistas discrepan sobre cuánto dominaba la lengua.

¿Quién era «sor Filotea»?

Un seudónimo. La carta firmada por «sor Filotea de la Cruz» la escribió Manuel Fernández de Santa Cruz, obispo de Puebla, que también imprimió su Carta atenagórica.

¿La obligaron a dejar de escribir?

Los especialistas no se ponen de acuerdo. Unos ven presión eclesiástica; otros, un giro espiritual voluntario. Las cartas halladas en 2010 muestran que el obispo de Puebla la apoyaba, pero no resuelven qué ocurrió en 1693-1694.

¿Quemó la Iglesia sus libros?

Ninguna prueba fiable lo indica. El testamento de un sacerdote consigna que ella le entregó libros para venderlos, y relatos tempranos dicen que el dinero fue para los pobres.

¿Por qué la llaman «Décima Musa»?

Sus admiradores la sumaron a las nueve musas de la mitología griega para elogiarla como poeta; la portada de su primera colección ya la llamaba «musa décima».

Fuentes y lecturas recomendadas

  1. Sor Juana (1648–1695). Project Vox, Duke University Libraries
  2. Juana Inés de la Cruz, Sor: Introduction. Feminism in Literature: A Gale Critical Companion (vía Encyclopedia.com)
  3. Juana Inés de la Cruz. Encyclopedia of Science, Technology, and Ethics (vía Encyclopedia.com)
  4. Latin American Philosophy. Internet Encyclopedia of Philosophy
  5. Juana Inés de la Cruz. Wikipedia (inglés)
  6. Sor Juana Inés de la Cruz. Wikipedia (español)
  7. Carla Anabella Fumagalli, Sor Juana Inés de la Cruz: articulaciones entre obra y archivo en los preliminares de sus ediciones originales. Anclajes 22.1 (Universidad Nacional de La Pampa), 2018
  8. Jorge Gutiérrez Reyna, La Inundación castálida de sor Juana Inés de la Cruz. Historia de un best seller. Anales del Museo de América 30, 2024
  9. Carla Fumagalli, Reseña de Hortensia Calvo y Beatriz Colombi (eds.), Cartas de Lysi. La mecenas de sor Juana Inés de la Cruz en correspondencia inédita (2015). Orbis Tertius 20.22 (Universidad Nacional de La Plata), 2015
  10. Sor Juana Inés de la Cruz, Respuesta a sor Filotea de la Cruz (1691). Wikisource
  11. Sor Juana Inés de la Cruz, Redondillas («Hombres necios que acusáis»). Wikisource
  12. Sor Juana Inés de la Cruz, Primero sueño. Wikisource
  13. Primero sueño. Wikipedia (español)
  14. El divino Narciso (auto). Wikipedia (español)
  15. Nicholas R. Jones, Sor Juana’s Black Atlantic: Colonial Blackness and the Poetic Subversions of Habla de negros. Hispanic Review 86.3 (University of Pennsylvania Press), 2018
  16. Sara Poot Herrera, Sor Juana y sus versos amestizados en una sociedad variopinta. La Lengua de Sor Juana
  17. Interrogación y argumentación en la Carta atenagórica de sor Juana Inés de la Cruz. Forma y Función (Universidad Nacional de Colombia), 2017
  18. Alejandro Soriano Vallès, Un género supremo de providencia: sor Juana Inés de la Cruz y la tesis de los beneficios negativos en la Carta atenagórica. Literatura Mexicana 14.1 (UNAM), 2003
  19. Inéditos sobre Sor Juana reviven la polémica con Octavio Paz. Proceso, 2010
  20. Biblioteca Palafoxiana resguarda cartas de Sor Juana Inés de la Cruz. Milenio
  21. Anthony Stanton, Reseña de Octavio Paz, Sor Juana Inés de la Cruz o las trampas de la fe (1982). Literatura Mexicana 1.1 (UNAM), 1990
  22. Billete de 100 pesos de la familia G. Banco de México
  23. Diego Calleja, Aprobación (vida de sor Juana) en Fama y obras póstumas (1700), transcripción. SILEM, Universidad de Córdoba
  24. Camilla Townsend, Sor Juana’s Nahuatl. Le Verger, bouquet VIII, 2015
  25. Alejandro Soriano Vallès, José de Lombeyda (testamento). Revista Imágenes (Instituto de Investigaciones Estéticas, UNAM), 2020
  26. Sor Juana Inés de la Cruz, A su retrato (“Este que ves, engaño colorido”). Wikisource
  27. Luis de Góngora, Mientras por competir con tu cabello. Wikisource
  28. Sor Juana Inés de la Cruz, biografía. Banco de México
  29. ¿En qué billetes ha aparecido Sor Juana Inés de la Cruz?. Milenio
  30. Billete de 200 pesos de la familia G (comunicado). Banco de México, 2019
  31. The Tenth Muse: Lately sprung up in America (1650). Massachusetts Historical Society
  32. The Tenth Muse Lately Sprung Up in America. Wikipedia (inglés)

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Redactado con ayuda de IA a partir de las fuentes publicadas arriba y revisado a medida que surgen nuevas investigaciones.

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